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lunes, 16 de diciembre de 2013
LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Plaza de Fernando Feijoo
Hemos de remonarnos a princpios del s. XVI, con la aparición de Los Villares
como núcleo urbano para buscar los orígenes de la plaza Fernando Feijoo. La
nueva población cuyos planos fueron realizados por Juan de Reolid, consistiría
en una plaza principal y seis calles que flanqueaban esta plaza, con Casa del
Concejo (Ayuntamiento) e Iglesia Parroquial. En esta plaza, por cierto más
amplia que la que tenemos ahora, pues llegaba hasta la Casa Grande,
destacaban los tres edificios más importantes, la Iglesia, el Ayuntamiento y la
Casa Palacio del Vizconde de Los Villares. A principios del s. XIX con la
edificación de una manzana de viviendas, la plaza quedó reducida a lo que es
ahora quedando fuera de la misma la Casa Grande. En la plaza de Fernando
Feijoo destaca la Iglesia Parroquial bajo advocación de San Juan Bautista
(principios del s. XVII) y el Ayuntamiento (finales s. XVI) con fachada de piedra
que denota la nobleza de ambos edificios. El nombre más antiguo del que
tenemos conocimiento es el de plaza de Isabel II, en marzo de 1929 tomó el
nombre de plaza de la Constitución y es en agosto de 1931 cuando toma su
nombre actual de plaza de Fernando Feijoo. El origen apolítico de este nombre
ha dado lugar a que tanto en 1939 y 1984, en que hubo cambios de nombres
de nuestro callejero, mantuviera su actual nombre. ¿Quién fue Fernando Feijoo?
D. Fernando Feijoo fue un destacado abogado de Martos con bufete en Madrid
que representó a nuestro Ayuntamiento en el contencioso del agua que
mantenía con el Ayuntamiento de Jaén, contencioso que llega hasta 1943 en
que el Tribunal Supremo dicta sentencia favorable a favor de los regantes de
Los Villares frente a las pretensiones del Ayuntamiento de Jaén. Por su labor
desarrollada el Ayuntamiento de Los Villares el 21 de marzo de 1929 daría el
nombre de Fernando Feijoo a la actual calle del Arroyo y posteriormente el 3 de
agosto de 1931 traslada el nombre de Fernando Feijoo a la plaza del pueblo,
por entonces llamada plaza de la Constitución.
NUESTRA INDUSTRIA Artesanía Parras
Si por algo destaca nuestro pueblo fuera de nuestra provincia y de nuestras
fronteras, es por la calidad de su artesanía de la mimbre. Actividad que se
inicia hacia 1890, utilizando la retama como materia prima para la elaboración
de bomboneras, cestas para regalos y otros que posteriormente se amplía a la
mimbre y otras fibras vegetales.
Hoy traemos a nuestras páginas a una de las empresas artesanas pioneras de
la artesanía de nuestro pueblo y que se ha destacado por estar siempre en
vanguardia en cuanto a novedades y creatividad. Hablamos de Artesanía
Parras. Ubicada inicialmente en la calle Molino, en la década de los setenta
(época de mayor auge de nuestra artesanía) se desplazó a su actual
emplazamiento en la Avenida de Andalucía. Su actual propietario y
Administrador General, D. Antonio Parras Peña, lleva dedicado a la artesanía
desde los 17 años en que coge el testigo que le entrega su padre D. Antonio
Parras Cabrera (fundador de la industria) y crea en los años sesenta la actual
empresa. Dedicada a la realización de artículos de cestería y decoración, las
principales producciones son: cestas navideñas, roperos de baño, paragüeros,
baúles, biombos, cestas para floristería, muebles de junco y mimbre e infinidad
de artículos decorativos que son vendidos en toda España, Europa, Japón,Estados Unidos y Arabia Saudí. Las materias primas que utilizan son: mimbre
(de la zona de Cuenca), manila y junco (de Indonesia), enea (de Sevilla), y
otras fibras vegetales como alacema, retama, tomillo y el olivo, que dan
nuestros propios campos. Con la única utilización de las tijeras, navaja y un
recipiente en que humedecer las fibras vegetales, los artesanos de la empresa
elaboran multitud de objetos decorativos de alta calidad. Artesanía Parras
participa anualmente en las ferias de Intergift (Madrid) y Expo-Hogar
(Barcelona) y en Macef (Milán). El único percante sufrido por la empresa
sucedió en junio de 1984 cuando se incendiaron dos camiones que por suerte
aún no estaban cargados y la pronta intervención del vecindario evitó lo que
pudo ser una catástrofe, por las toneladas de mimbre almacenadas. Sobre el
futuro inmediato de la artesanía nos comenta que es poco prometedor debido
a la competencia de los países asiáticos, pero que a más largo plazo cuando
éstos eleven su nivel de vida, la competencia bajará debido a que ellos tienen
más lejano el mercado y el coste del transporte es superior. Desde estas
páginas agradecemos la cordial atención que nos ha prestado para llevar a
nuestros lectores información sobre la artesanía en nuestro pueblo.
Nª9
Curso 97/98
Álvaro Pérez y Ana Ruíz
NUESTRA POBLACIÓN 1920
En esta ocasión vamos a hacer un estudio de la población de nuestro pueblo en
1920. Por aquel entonces, la población de Los Villares estaba muy dispersa. La
agrupamos en tres bloques para su estudio: 1-. Cortijadas o casas de labor. 2-.
Las casas diseminadas de los alrededores. 3-. El núcleo de población.
Los Villares estaba formado por diez cortijadas y la villa de Los Villares. Pero
además tenía grupos inferiores, inhabitables y edificios diseminados por los
alrededores.
1-. Las cortijadas eran:
– Los Buenos, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contaban 22 habitantes.
– La Cobatilla, casas de labor a 9000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Dos de ellos estaban habitados y los cuatro restantes estaban deshabitados accidentalmente. Tenía un total de 8 habitantes.
– Córdoba, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía seis edificios dedos plantas cada uno y todos estaban habitados. Había 23 habitantes.
– Don Juan, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Tenía 18 habitantes.
– Las Higueras, casas de labor a 7400 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 33 habitantes.
– Los Petrolos Altos, casas de labor a 10700 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contabilizaban 29 habitantes.
– Los Petrolos Bajos, casas de labor a 10400 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Cinco de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Contaba con 13 habitantes.
– Los Poyos, casas de labor a 10800 metros del pueblo. Tenía 8 edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 29 habitantes.
– La Teja, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Se contabilizaban 15 habitantes.
2-. Las casas diseminadas de los alrededores estaban a unos 500 metros del pueblo. Había 157 edificaciones de las cuales 59 eran de una planta y 98 de dos plantas. Había 93 habitadas y 64 sin habitar.
3-. El pueblo tenía un total de 841 viviendas, de las cuales 57 eran de una planta, 349 de dos plantas y 435 de tres o más plantas. Sólo 14 viviendas estaban deshabitadas. Entre el pueblo y las casas diseminadas se contabilizaban un total de 3436 habitantes.
1-. Las cortijadas eran:
– Los Buenos, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contaban 22 habitantes.
– La Cobatilla, casas de labor a 9000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Dos de ellos estaban habitados y los cuatro restantes estaban deshabitados accidentalmente. Tenía un total de 8 habitantes.
– Córdoba, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía seis edificios dedos plantas cada uno y todos estaban habitados. Había 23 habitantes.
– Don Juan, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Tenía 18 habitantes.
– Las Higueras, casas de labor a 7400 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 33 habitantes.
– Los Petrolos Altos, casas de labor a 10700 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contabilizaban 29 habitantes.
– Los Petrolos Bajos, casas de labor a 10400 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Cinco de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Contaba con 13 habitantes.
– Los Poyos, casas de labor a 10800 metros del pueblo. Tenía 8 edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 29 habitantes.
– La Teja, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Se contabilizaban 15 habitantes.
2-. Las casas diseminadas de los alrededores estaban a unos 500 metros del pueblo. Había 157 edificaciones de las cuales 59 eran de una planta y 98 de dos plantas. Había 93 habitadas y 64 sin habitar.
3-. El pueblo tenía un total de 841 viviendas, de las cuales 57 eran de una planta, 349 de dos plantas y 435 de tres o más plantas. Sólo 14 viviendas estaban deshabitadas. Entre el pueblo y las casas diseminadas se contabilizaban un total de 3436 habitantes.
Nº9
Curso 97/98
Eva Anguita Luque
María Olalla Luque Colmenero
NUESTRO PASADO Tradición oral y escrita en torno a las fiestas del Rosario
Para conocer la identidad de un pueblo hemos de investigar sus raíces,
refiriéndonos con esto a buscar los hechos que han marcado y forman su
historia. Animándoos a los escolares a que busquéis y recojáis las cosas
curiosas que conocen y cuentan nuestros mayores, os voy a resumir algunos
datos significativos y curiosos que hace unos años publiqué en el libro “Los
Villares canta a su Patrona” sobre la tradición oral y escrita existente a cerca de
nuestras Fiestas del Rosario. Para conocer el origen de estas fiestas, hemos de
remontarnos a la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), en la que la
escuadra cristiana, al mando de D. Juan de Austria, derrotó a la flota turca. En
el mundo cristiano esta victoria se atribuyó a la intercesión de la Virgen
invocada por las cofradías del Rosario con oraciones y procesiones. Por eso el
Papa S. Pío V instituyó al año siguiente la fiesta de la Virgen de la Victoria. Un
año después, el Papa lo fechó el primer domingo de octubre. Por último en
tiempo de S. Pío X, fijó su celebración el día 7 de dicho mes. Nuestro pueblo
nacido como entidad a principios del siglo XVI, inserto en las corrientes sociales
y religiosas de la época, toma como Patrona a la Virgen del Rosario y en un
interesante manuscrito conservado hasta nuestros días encontramos que
desde “tiempo inmemorial” existía “una singular, cordial y afectuosa devoción
a esta Virgen”, que dio lugar a que el 3 de abril de 1781 un grupo de vecinos
presentaran y les fueran aprobados por el Obispo de Jaén D. Agustín Rubín de
Zeballos los “Estatutos de la Congregación de soldados marianos del S.S.
Rosario de la villa de Los Villares”. En estos estatutos vemos que para entrar en
la compañía debías ser “persona de buenas costumbres, fama y opinión”, y
descubrimos que el número original de congregados era sólo de 15, en
“reverencia” a los quince misterios del rosario, habiendo otros quince
supernumerarios o pretendientes que ocuparían las vacantes que se fueran
sucediendo. Posiblemente los quince primeros coincidieran con los conocidos
alabarderos y los segundos con los escopeteros. Los cargos existentes eran:
Capitán, Teniente, Alférez, Fiscal, Munidor, Cobrador de cabos de año, multas y
limosnas, Enfermero y Secretario. Se conoce la redacción minuciosa del
formulario de entrada y de las obligaciones y bienes espirituales y temporales
de que gozarían los congregados, todo esto con bastante precisión y exigencia,
cosa llamativa para nuestra sociedad actual, permisiva por excelencia. El
manuscrito conserva asímismo actas de cabildos y resúmenes de cuentas que
llaman nuestra atención, tales como las cuentas de 1905 donde los ingresos dela Cofradía ascendieron a 519 ptas y 25 ctm y los gastos a 503 ptas y 85 ctm,
quedando en “existencias” 15 ptas y 85 ctm; o el acta de 1904 en la que se
habla de la Torata de la Candelaria, que pesó 47 libras y costó la suma de 55
pesetas y 80 céntimos. Tras estos datos sacados de textos escritos, la tradición
oral recoge curiosidades tales como la costumbre que llega hasta 1976 de salir
pidiendo por las calles del pueblo y por los cortijos con un borriquillo,
recibiendo donativos de los vecinos, que eran generalmente de trigo,
realizando las gentes promesas de darl el peso de una persona en grano por
haber recibido una curación o gracia especial de la Virgen. Tambien hasta no
hace muchos años después de los bautizos, las madres presentaban al niño a
la Patrona, cantaban una Salve y dejaban encendida una vela. Luego cuando
los hijos se iban al servicio militar, las madres ponían en su cartera un trocito
de manto de la Virgen, procedente de recortes o arreglos, con el deseo de que
recibieran su protección. Otra tradición muy curiosa que desaparece hacia los
años treinta, es que los turroneros, desde sus casetas, al paso de la procesión,
echaban al aire puñados de almendras, bolicas y caramelos. Conocemos por
boca de nuestros mayores que la imagen de la Patrona fue destruida en la
Guerra Civil (1936) y sustituida posteriormente por la actual, obra del escultor
de Santisteban del Puerto, Jacinto Higueras; conservando de la antigua, el Niño,
la Corona, el Rostrillo y la Media Luna. Recientemente la Imagen ha sido
restaurada en Sevilla por D. Salvador Madroñal, renovándosele gran parte del
ajuar. Volviendo a la tradición oral, sabemos que gran parte de las canciones
que identifican el “Día del Rosario” fueron compuestas a principios de siglo por
nuestros paisanos, Da Ángela Molina Luque, que escribía las letras y D. Juan de
Mata Espejo que componía la música, autores ambos de las Letrillas y el
Ramillete. Estos son sólo algunos detalles de las tradiciones que reflejan la
expresión popular de valores religiosos y las relaciones sociales que han ido
cultivando y transmitiendo los que nos precedieron en el tiempo; y que han ido
formando el tono moral, cultural, afectivo y social que marcan e identifican a
nuestras familias y a nuestro pueblo.
Nº9
Curso 97/98
Inmaculada Alcalde García
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