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martes, 17 de diciembre de 2013

NUESTRA INDUSTRIA Carpintería Alcalde y Martos, C. B.

Hoy traemos a nuestra revista a una de las empresas de la madera con que cuenta nuestra localidad, se trata de la Carpintería Alcalde y Martos, C.B. Los propietarios de la misma son José Alcalde Sánchez y Juan José Martos Vela. Dedicada a la carpintería general, mobiliario de cocina y muebles al por menor, sus orígenes hay que buscarlos en el año 1960 cuando Juan José Martos, a la edad de nueve años, entra como aprendiz en la carpintería que Juan Alcalde Calderón tenía en la calle Huerto de la Virgen, 8; dos años más tarde, José Alcalde empezaba también como aprendiz de carpintero. Durante varios años ambos aprenden juntos el oficio y para su perfeccionamiento asisten a los cursos que en Jaén imparte la Acelerada, Juan Jośe en 1971 y José en 1972.Cuando cumplen 18 años son contratados como oficiales de carpintería y en 1977 entrar a participar en la sociedad con el que había sido su maestro. Tras su jubilación en 1987, ambos constituyen la actual empresa trasladándose del Huerto de la Virgen a su ubicación actual en la calle Escribano Antonio de Villareal, 39 (07.01.87). De carácter familiar hay que considerar a esta nueva empresa, pues si bien no existe parentesco entre ambos socios, su relación desde tan tierna edad hace que su amistad sea un auténtico lazo familiar. La empresa cuenta con moderna maquinaria como una combinada, sacagruesos, maquina de cinta, escuadradoras, lijadoras y otras máquinas portátiles. La materia prima que utilizan es preferentemente la madera de roble y pino, así como sapeli, aglomerados, melaminas y porfomados. Su mayor producción es el mobiliario de hogar (cocina, oficina, armarios empotrados...) y de carpintería general (puertas, ventanas...), teniendo fama por el acabado y calidad de sus productos. Su producción se vende intrínsecamente entre Los Villares y Jaén capital. Por último José y Juan José quieren aprovechar la oportunidad que les brinda la revista para expresar su agradecimiento y cariñoso recuerdo para quien fue para ellos más que un maestro, Juan Alcalde Calderón.

NUESTRO PASADO Un villariego adoptivo: el diputado Acuña

Desde muy antiguo la proximidad de Los Villares a la capital, las gratas y benéficas circunstancias ambientales del emplazamiento geográfico y su carácter abierto y hospitalario atrajeron a muchas gentes que gozaron de lacondición de vecinos circunstanciales y se consideraron villariegos adoptivos, uniendo el nombre del pueblo al de su propia biografía. Uno de ellos fue el Excmo. Sr. D. José Acuña y Gómez de la Torre (1889-1941), hombre de fino y sutil ingenio que vivió a su aire y que tuvo el atrevimiento de ser diputado independiente en las Cortes de la II República defendiendo un ideario utópico y lleno de gracejo, consiguiendo tal fama popular que de ahí nace ese refranillo tan usual en la provincia de Jaén de “...yo ..., ¡independiente como Acuña!”. Hijo de padre baezano y madre giennense, vino al mundo en Barcelona el 11 de junio de 1889. La suya era una familia aristocrática, emparentada con los marqueses de Alós y con la señorial Casa de Dou. Cursó con gran brillantez la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y desde su juventud destacó en la vida social madrileña, procesando en 1916 como Caballero de la Orden de Calatrava. En su trayectoria profesional hizo notables proyectos e ingeniosos inventos, entre los que sobresalió un prototipo de carro de combate y una “rueda eléctrica” sustitutiva de los neumáticos. Afincado en Jaén, donde ejerció como ingeniero de la delegación de Obras Públicas, su irrenunciable soltería y el desahogo del patrimonio familiar le permitió dar vida a cuantas empresas le dictaba su ingenio y buen humor. De todas ellas la más curiosa fue la creación en 1931 de la Unión Mesocrática Universal, un movimiento político filosófico cuyo principio fundamental decía: “...el hombre civilizado tiene el perfecto derecho de vivir sin trabajar...” y que se regía por un graciosísimo “decálogo aforístico de filosofía armonista”. Entre otras cosas propugnaba la instalación en las ciudades de unos surtidores que facilitarían gratuitamente una mezcla denominada “Papilla Integral” con la que las gentes estarían comidas y bebidas, evitando de este modo la preocupación de tener que trabajar para ganar el diario sustento. Para hacer realidad estos proyectos utópicos, tuvo la humorada de presentarse de forma reiterada a las elecciones para Diputados en Cortes, siempre como “independiente” y por supuesto costeando de su bolsillo su propia campaña electoral, con llamativos carteles y unos graciosos pasquines en los que con su buen humor característico resumía su propaganda electoral, basado en su lema “ ...el hombre civilizado tiene el perfecto derecho de vivir sin trabajar...”, carteles que el pueblo interpretaba diciendo que con la pose que adoptaba en la fotografía, ofrecía “un puro y tres duros” a quien lo votara. Como es lógico su candidatura nunca triunfaba. Mas como su ilusión era ser candidato por Jaén, volvió a presentarse a las elecciones de febrero de 1936, pero ahora integrado en la coalición de las derechas. Y entonces fue elegido diputado consiguiendo 133991 votos. Todas estas excentricidades le convirtieron en un hombre popular. Y muy querido ya que solía ayudar sin reservas a los necesitados y menesterosos. Su domicilio, que compartía con su madre y hermanas en una casa señorial de la Calle Mesa, con frecuencia estaba asediado de pedigüeños que le acechaban para alcanzar alguna de sus dadivosas limosnas. Durante la Guerra Civil se refugió en Madrid. Trató de pasar desapercibido ejerciendo en la sección de Ferrocarriles del Ministerio de Obras Públicas. Pero denunciado por un compañero, fue detenido por una de aquellas temibles “patrullas de control” que tras tenerle en uno de los centros de detención incontrolados, decretó que había que “darle el paseo”. Cuando le llevaban avanzada la madrugada a las tapias de la Casa de Campo para asesinarle, no perdió su flema y buen humor. Y con su generosidad característica repartió entre la patrulla sus pertenencias para “que tuvieran un recuerdo del diputado Acuña”. En el grupo iba un guardia de asalto que era de Jaén y al reconocerlo se alzó como su protector. Convenció a los milicianos y lo dejaron libre. Eran las 4 de la mañana, cuando no sin temor y sobresaltosconsiguió refugiarse en la casa de su hermana Carmen, donde llegaron a reunirse una treintena de refugiados, que pasaron un hambre atroz y un sinfín de penalidades. Por eso, cuando pudo se evadió a Francia, desde donde pasó a la España nacionalista. Finalizada la guerra civil, fue injustamente perseguido y acusado y se trató de inhabilitarlo profesionalmente. Volvió por breve tiempo a Jaén, pero amargado y lleno de desencanto por su lamentable peripecia personal, falleció prematuramente en Madrid el 6 de marzo de 1941, cuando con solo 51 años de edad estaba en plena madurez. D. José Acuña y Gómez de la Torre estuvo muy vinculado a Los Villares, donde su familia tuvo amplias propiedades y donde con frecuencia su madre Da Purificación establecía su residencia temporal. Esta vinculación con el pueblo la utilizó como eficaz recurso personal en los años de 1928 y 1929 en los que actuó como ingeniero director de las obras de captación y canalización de las aguas de Río Frío, puesto en el que hizo gala de una hábil diplomacia, pues algunos días las obras eran interrumpidas por vecinos descontentos. Cuando en 1931, “Año Primero de la Era Mesocrática”, fundó la “Unión Mesocrática Universal”, estableció su sede en Los Villares, en la renombrada “Huerta de San Juan de Dios”. Allí, autocalificándose de filósofo y profeta, con el seudónimo de “Asumu”, solía reunir a sus amigos y seguidores en unas opíparas comidas adornadas con ingeniosas tertulias. En ellas aparecía caracterizado de profeta iluminado, con el pelo largo y revuelto y profusa barba y bigote. Y entre bromas y jolgorio imponía a los que ingresaban en su alegre partido la insignia del mismo: un cubierto (cuchara, tenedor y cuchillo), flanqueado por las letras M. U. (Mesocracia Universal), emblema que centraba una jovial bandera que en tales ocasiones hondeaba a la entrada de la Huerta de San Juan de Dios. Estas reuniones hicieron pasar por Los Villares a numerosas personalidades y políticos. Muy renombrado sería el banquete que allí ofreció el 18 de noviembre de 1934 a D. Ramón Fernández Mato, ilustre político republicano que fue gobernador civil de Jaén y subdirector general de seguridad. Su ligazón afectiva con el pueblo continuaría después durante largos años en los que la familia Acuña estuvo estuvo presente en muchos de los acontecimientos de la villa. Difuminado con el tiempo su recuerdo, el “Diputado Acuña” y Los Villares han quedado indisolublemente unidos para la historia, en unos papeles amarillentos de donde nosotros hemos extraído su recuerdo. Un recuerdo que pone notas de gracia y simpatía en la historia contemporánea de Los Villares.


Nº13
Curso 99/00
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle Juan Alcalde

Con sus ciento setenta metros de longitud y un trazado rectilíneo, la calle Juan Alcalde nace en la calle Solana y acaba en la calle Ejido. Conocido popularmente como Callejón del Duende, por cierta leyenda, que corrió a principios de siglo, de la existencia de un duende que habitaba en la casa no 8 de dicha calle; era éste un callejón cerrado que acababa en las tapias del huerto de D. Luis Molina. Con la apertura, en 1931, de la calle Huerto de la Virgen se prolonga el callejón hasta dicha calle, teniendo ahora un trazado de mayor anchura. Posteriormente en 1964 se prolonga la calle aprovechando terrenos de la huerta de D. José Hernández, hasta la que iba a ser fábrica de cartones (Cavilsa); siendo éste su trazado actual. Su nombre es el homenaje a D. Juan Alcalde, maestro que nació y vivió en el no 3 de esta calle. Como datos a destacar tenemos: – En el no 3, casa en que nació D. Juan Alcalde, vivió durante muchos años otra maestra muy querida en nuestro pueblo, Da Pepa. En esta misma casa estuvo posteriormente la tienda de comestibles de Juan Romero. Después sería adquirida por Artesanía San José, que es su dueño actual. – En el no 9, estuvo, entre los años 30 y 60, la fábrica de aceites de D. Pablo López. – En el no 12, y en la década de los 50 y 60, estaba la tienda de golosinas de los Albasini. – Al otro lado de la calle Huerto de la Virgen, y haciendo esquina con ella, durante la década de los 50 se encontraban la carpintería de Peláez y frente a ella la herrería de Lázaro Rueda e Hijos. – Durante la década de los 80, en el no 16 de esta calle existió la tienda de comestibles de Rosario. – En la actualidad y en su último tramo se encuentra la cooperativa agrícola San Isidro, moderna cooperativa de aceite que adquirió lo que fue la fábrica de D. Luis Cabrera.


Nº13
Curso 99/00
Jaime Jiménez
José Antonio Huertas

ESTAMPAS CON HISTORIA Los pozos de la nieve

El reciente acuerdo de cesión por el Ministerio de Defensa al Ayuntamiento de Los Villares de las dependencias que ocupó el Centro de Comunicaciones de la Red Territorial de Mando, en las alturas de La Pandera y su posible adecuación para fines de interés social y recreativo, nos sugiere este breve comentario sobre una de las utilidades económicas que hace muchos siglos se obtenía de aquellas incomparables cumbres. Me refiero a los famosísimos y olvidados “pozos de la nieve”, unas curiosas explotaciones que estuvieron en uso hasta bien avanzado el s. XIX. Conocidas son las reticencias que el Concejo de Jaén puso a la colonización de la Sierra Sur, ante el temor de perder el control de perder el control económico sobre los muchos aprovechamientos que de ella se obtenían (pastos, leña, caza, etc.). Y precisamente uno de esos aprovechamientos eran estos “pozos de nieve” objeto de nuestro comentario. Desde el s. XVI el hielo fue un artículo de lujo muy solicitado por un doble motivo. De un lado, porque era un remedio que se consideraba imprescindible para la favorable resolución de muchas enfermedades y accidentes. La elemental medicina practicada en aquellos años y la reducida farmacopea de que se disponía creía ver en la aplicación de bolsas de hielo sobre la zona dolorida o dañada, o en la ingesta de pócimas heladas, una mágica solución. De otro se consideraba el hielo elemento indispensable para la preparación de ciertas confituras y bebidas. Como aún no se conocían fórmulas industriales para fabricar hielo, la única forma de conseguirlo era por medio de estos “pozos de nieve”. Para ello, en las más altas cumbres de la comarca -y la Pandera, con sus 1870 metros de altitud era una de ellas- se disponían estos ingeniosos habitáculos. Consistían en unos pozos de 8 y 10 metros de profundidad y un diámetro variable que oscilaba entre los 5 a los 15 metros. Como por la naturaleza rocosa del terreno se hacía inviable el profundizar excesivamente, alrededor de la boca se elevaba un murete de piedra en seco y sobre él se disponía una elemental bóveda semiesférica que en su cúspide se abría con un amplio hueco. Como en la Pandera la nieve es frecuente, cuando caía una buena nevada subían unas nutridas cuadrillas de jornaleros, llamados “neveros”. Y a base de palas y esportillas recogían la nieve depositada en aquellas umbrías y con ella iban llenando los pozos. Las iban depositando por capas sucesivas, que apisonaban cuidadosamente. Cuando el pzo estaba al completo, lo tapaban con ramas de aulaga, morisca o bálago, para que actuara de aislante. Y luego todo el habitáculo lo cubrían de barro, que al secarse formaba una costra muy consistente. Quedaba así dispuesto un ingeniosotermo que permitía conservar aquel hielo endurecido hasta la llegada del estío. Cuando se acercaba el verano las cuadrillas de “neveros” volvían a subir a La Pandera y en jornadas agotadoras abrían los “pozos de nieve”, extraían el hielo y con recuas de burros o mulos, en unos curiosos serones aislados con tamo y paja, caminando de noche por trochas y veredas llevaban la nieve a su destino. Lógicamente una parte se licuaba por el camino, poero como cada mulo solía llevar entre 20 y 25 arrobas de nieve, el negocio resultaba rentable. Esta curiosa industria resultaba un auténtico monopolio municipal. El Ayuntamiento de Jaén tenía el privilegio de su comercio, sacaba todos los años a subasta la “renta de los pozos de la nieve” y quien tomaba la contrata se ocupaba de disponer y llenar los pozos y luego del transporte, para lo que se contrataban muchos peones y arrieros en Los Villares y Valdepeñas. La nieve una vez llegada a Jaén se almacenaba en unos frescos pozos que existían en las dependencias bajas de la Casas Capitulares y allí se vendía en reducidas cantidades y a buen precio. Quienes mayor cantidad adquirían eran las “botillerías”, establecimientos parecidos a nuestras actuales heladerías, que a su vez la conservaban en unos pozos propios. Este negocio subsistió hasta los últimos años del siglo pasado. Y en años abundantes en nieve llegaba a surtir hasta la provincia de Córdoba. D. Pascual Madoz, en 1847 alaba estos pozos de la nieve y al referirse a la zona conocida por “Dornillos de La Pandera”, nos informa que allí, “...fórmanse unos grandes hoyos que se llenan de nieve en invierno, se cubren de ramaje y de allí se extrae en vrano para abastecer la capital y muchos pueblos de la provincia, en especial Andújar, que es el que más consume. La facultad de hacer estos pozos, acopiar y vender la nieve, se arrienda todos los años por el Ayuntamiento...”. “Conchica”, (Da Concepción Carvajar y Torres), una heladera Valenciana establecida en la capital en 1865 y cuyo establecimiento pervivió hasta la tardía fecha de 1923, fue la última en traer nieve desde las cumbres de La Pandera, cuando ya las modernas fábricas de hielo hacían inútil aquel duro, penoso y a veces hasta peligroso comercio. Al fijarse los límites de los términos municipales de Jaén, Valdepeñas y Los Villares, confluyentes precisamente en aquellas alturas, los antiquísimos “pozos de la nieve” quedaron repartidos entre las tres localidades. Con todo el Concejo de Jaén defendió su singular privilegio, consiguiendo la franquicia de seguir explotando estos pozos, aunque la mayor parte de ellos estuvieran en término de Valdepeñas o de Los Villares. Todavía, hasta hace pocos años eran visibles los rastros de tres de estos pozos en término de Los Villares, aunque suponemos que un paciente trabajo de campo permitiría localizar algunos más. Modernamente el Ejército se fijó en aquellos andurriales y ocupó el lugar a comienzos de los años 70 para instalar una Base de Helicópteros y Centro Táctico. En 1973 comenzó a funcionar el Centro de Transmisiones -Cuatro de la Red Territorial de Mando, que dependía orgánicamente del Regimiento de Ingenieros de El Pardo (Madrid). Las instalaciones eran atendidas por un destacamento de medio centenar de soldados, una docena de oficiales y suboficiales y un capitán jefe. Lo insólito del emplazamiento y lo sofisticado de las instalaciones rodeadas de un lógico y severo control para curiosos y visitantes, disparó la imaginación de las gentes. Muchos bulos y leyendas corrieron sobre la auténtica realidad de aquella base de comunicaciones. Había quien decía que desde allí se dominaba la costa africana... y por el pueblo hasta corrió el rumor de que fue el general y expresidente francés Charles de Gaulle (1890-1970) quien había sugerido al Ejército Español la conveniencia de levantar esta base en La Pandera, tras su imprevista estancia en Jaén durante los días 9 al 13 de junio de 1970. Los planes de modernización de nuestroejército y la nueva doctrina estratégica puesta en práctica recientemente con la aplicación del PLAN META, cerraron este destacamento del Regimiento de Transmisiones Estratégicas número 22. Y con buen criterio, una vez desafectados los edificios del Ministerio de Defensa cedía su uso al Ayuntamiento de Los Villares por un convenio firmado el 30 de julio de 1998. Ahora se trabaja para hacer del lugar un complejo de ocio y deporte. Una fórmula actualizada de aprovechar aquellas agrestes alturas de La Pandera, en las que tantos villariegos se ganaron duramente el pan, siglos ha, trabajando sin descanso en los famosos y olvidados “pozos de la nieve”.


Nº13
Curso 99/00
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares