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martes, 17 de diciembre de 2013

NUESTRA INDUSTRIA Herrería Rueda Higueras

La herrería Rueda Higueras es tal vez la más antigua de las industrias cerrajeras de Los Villares. Se trata de una industria de carácter familiar cuyos orígenes hay que buscarlos a mediados del pasado siglos, cuando la familia Rueda originaria de Castillo de Locubín se instala en Valdepeñas y Los Villares para dedicarse a la cerrajería. Puede considerarse a Joaquín Rueda (bisabuelo del actual empresario) como creador de la actual empresa. De éste pasó a su hijo Juan Manuel y de él a sus hijos Manuel y Ezequiel, tío y padre respectivamente, de su dueño actual Joaquín Rueda Higueras. La industria tuvo su primera ubicación en la calle Molino, posteriormente en la calle Arroyo no 89 y en la actualidad se encuentra ubicada en la carretera de Valdepeñas, junto a la gasolinera. La empresa tiene un total de 7 trabajadores y está dedicada a la cerrajería de hierro y aluminio, al mantenimiento de las fábricas de aceite y a las estructuras metálicas para edificios. En la antigüedad nos comenta Joaquín se dedicaba al arreglo de arados, al calzado de rejas y se hacían hachas, hazadas, hocinos y al mantenimiento de molinos de harina y aceite. También nos comenta que ya hace tiempo se abandonó el fuelle y el fuego de carbón,habiendo sido sustituidos por modernas maquinarias como la tercionodora de barras y otras. Agradeciendo la atención y colaboración con nuestra revista le deseamos un futuro prometedor.


Nº12
Curso 98/99
tercer trimestre
Marisa Siles y Rosa Molina

NUESTRO PASADO Las casas capitulares de Los Villares

La reciente inauguración de las obras de rehabilitación del edificio del Ayuntamiento de Los Villares, con las que se ha conseguido recuperar y adecuar a su función social este histórico inmueble, nos impulsan a dar unos breves apuntes sobre su historia y significación. Cuando en 1539 se procedió al reparto de los solares y traza de la planta del pueblo, se dispuso que se alzaran las correspondientes Casas Capitulares donde el Concejo tuviera sede y oficinas y celebrase sus juntas y reuniones. A tal fin, el día 28 de junio se dio posesión al mayordomo del Concejo de dos solares que el entallador Juan de Reolí había señalado en la que había de ser la plaza principal del pueblo, para que sobre ellos se levantasen las Casas Capitulares del Concejo. La diligencia de posesión, con el rancio sabor del castellano de la época, decía así: “... En el dicho lugar de Los Villares, el dicho día, mes y año susodicho, el dicho Melchor de Cañete, alguacil, por virtud del dicho mandamiento tomó por la mano al dicho Alonso Martínez Zamarrón, mayordomo del dicho Concejo y lo metió dentro en dos solares para casas del Concejo del dicho lugar, que fueron señalados por Juan de Reolí entallador, de los contenidos en la traza de dicho lugar, que son en la Plaza junto con la Iglesia, que alindan con solar de Juan Palomino y con as dos calles, e dijo que les daba e dio la posesión de los dichos dos solares, conforme a los Autos de suso contenidos y le requirió tres veces si se tenía por contento entregado de la dicha posesión; el dicho Alonso Martínez Zamarrón respondió e dijo que sí y en señal de posesión anduvo por dichos solares, e mudó ciertas piedras de una parte a otra, e lo pidió por testimonio y el dicho alguacil dijo que era presto de lo defender en ella, siendo testigos Juan de Reolí e Alvaro Dueñas, vecinos de Jaén...” Se alzaron pues allí las Casas Capitulares, que fueron de modesta construcción y de la que nos han llegado mínimas noticias. Su construcción debió ser muy deficiente pues ya estaban arruinadas a comienzos del siglo XVIII por lo que hubo necesidad de tomar en arrendamiento una sala para poder celebrar las reuniones del Ayuntamiento. En esta penosa situación se estuvo hasta que en 14 de marzo de 1769 el Concejo determinó solicitar del Real Consejo de Castilla licencia para edificar unas Casas Capitulares sobre el solar de las arruinadas, financiando las obras con el sobrante anual de las Rentas de Propios. Para tramitar la licencia se dio poder al procurador Pedro Ramírez, vecino de Madrid. El Ayuntamiento lo componían en aquel momento Francisco de Gámez y Francisco García de Mena, alcaldes; Juan Arroyo y Manuel de Molina, regidores; Agustín Fernández y Juan Civantos, diputados y Francisco Garrido, síndico personero. El proyecto de las obras era ambicioso y se calculaba en 86000 reales de costo. El edificio, además de disponer de los locales oportunos para las reuniones del Concejo, llevaría las dependencias precisas para cárcel, carnicería, puesto público para la venta de vino, vinagre, aceite y jabón –productos cuyo comercio controlaba el Municipio- un granero y un corral. La gestión fue muy laboriosa, pero al fin del Real Consejo de Castilla expidió en Madrid, a 14 de junio de 1773, la oportuna licencia por lo que el Concejo inició los trámites precisos para redacción del proyecto y presupuesto. La obra se encargó a uno de los arquitectos más notables de Jaén, D. Manuel López “...profesor de Arquitectura, vecino de la ciudad de Jaén, persona de conocida habilidad y conducta para el desempeño de obra de esta importancia...” Fue éste un excelente arquitecto que trabajó mucho como maestro de las obras de la catedral, en su última fase y para el Ayuntamiento de Jaén. A él se debieron obras tan señaladas en lacapital como el campanario de la Santa Capilla de San Andrés, los portales de las Carnicerías de la Plaza de San Francisco, o el ya desaparecido Puente de la Alcantarilla. Fue también un asiduo constructor de retablos, de los que dejó muestra en la Catedral y en los conventos de Santa Úrsula y Na Sa de los Ángeles. Era pues artífice de acreditada solvencia profesional. El 24 de abril de 1773, el arquitecto Manuel López presentaba el correspondiente proyecto de obras, detallado en un pliego con once condiciones técnicas y tres planos, cifrando el costo de la obra en 89000 reales de vellón. El edificio haría frente “...a la parte superior y principal de la plaza de esta villa, en solares de casa arruinadas, sobre cuyo fundamento se puede edificar dicha obra a la mayor perfección, firmeza, hermosura y adorno del pueblo y con comodidad a todos los destinos proyectados con conocida utilidad y beneficio del común, por carecer de dichas oficinas...” La fachada se haría de “cantería labrada a picón”, al igual que las fajas que guarnecen las puertas y ventanas y el resto se enfoscaría con mezcla de cal y arena cernida. Y como novedad junto a la sala de reuniones se disponddrían “dos cuartos para los papeles”, primer atisbo de la preocupación por disponer de Archivo Municipal. Aprobado el proyecto, el alcalde ordinario, Juan Ambrosio Cobo dispuso que se pregonaran las obras del 7 de agosto en Jaén, Valdepeñas, Martos y Alcalá la Real con el fin de encontrar un contratista ventajoso. El remate y adjudicación de la obra ser haría el domingo 29 de agosto “...después de alzar el Cuerpo y la Sangre de N. S. Jesucristo en la iglesia parroquial de esta villa...”. Pero la subasta fue un rotundo fracaso, ya que no concurrió a ella ningún pastor “por lo prolijo y costoso de la fábrica y las estrechas condiciones que se proponían”. Hubo que acudir a nuevos pregones por los pueblos comarcanos. Y en 4 de octubre aparecieron dos albañiles, Antonio Toribio y Juan de Huertas, vecinos de Porcuna, que se ofrecían para ejecutar la obra por adjudicación directa. Como el tema urgía, se aceptó y al día siguiente se nombraba al arquitecto Manuel López, director y supervisor de las obras. Aceptado el cargo, vino a Los Villares el 29 de octubre para realizar el replanteo de las obras. A los adjudicatarios Juan de Huertas y Antonio Toribio se les exigieron las debidas fianzas para responder de sus obligaciones y por escritura otorgada el 4 de noviembre hipotecaron sus casas por valor de 24110 y 39586 reales respectivamente. Y aseguraron tenían gran interés en hacer la obra a la mayor perfección “por continuar su cŕedito” pues ya habían demostrado su pericia como “maestros de obras examinados” construyendo el puente sobre el río Salado y deseaban darse a conocer. El Ayuntamiento por su parte se comprometió a derribar y sacar los escombros de las ruinas que ocupaban el solar, aceptando el abonar los 89000 reales que importaba la obra en tres plazos, a la finalización de cada una de las fases del proyecto, pestando además su auxilio para solventar los imprevistos que fueran surgiendo. Todo ello se determinó minuciosamente en la correspondiente escritura de obligación que se firmó por ambas partes el 11 de noviembre. Y a los pocos días se iniciaban las obras. El resultado fue una Casa-Ayuntamiento sobria y digna, con la amplitud y comodidad precisa para albergar no sólo las dependencias burocráticas de la administración municipal, dar acomodo a la sala en la que habían de celebrarse los actos públicos de gobierno y conservar con las debidas garantías de orden y seguridad el ya copioso fondo documental generado por el Concejo desde los días de la fundación del pueblo. El edifico permitía centralizar en su planta baja los restantes servicios municipales (calabozo, carnecería, puesto del abasto y escribanía pública), permitiendo además disponer de amplio granero y corral, dependencias muy necesarias para utilizarlas como almacenes eventuales,liberando así a las arcas municipales del gasto que suponía el mantener arrendados los locales, reducidos y dispersos, donde hasta entonces se albergaban estos servicios. Para que su fundamento no alterara el quehacer del Concejo, en los extremos de la fachada se abrieron puertas gemelas y simétricas para que tuvieran acceso totalmente independiente. La fachada quedó dispuesta en cuerpo central de tres plantas, con airosa cubierta a cuatro aguas. Flanqueándola y con un ligero retranqueo, se añadían a ambos lados otros cuerpos de dos plantas, con acceso independiente, que eran los destinados a los servicios municipales antes citados. Todo el conjunto que daba a eje de la puerta y balcón principal. Los huecos de luces eran amplios y se resaltaban con una moldura de piedra labrada. En todo imperaba la línea recta y la disposición simétrica, muy acorde con los criterios academicistas que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, impartía en aquel tiempo a sus arquitectos y a la legislación urbanística. Inauguradas las Casas Capitulares, a principios de 1775, sirvieron de referencia para acometer la remodelación de otros dos edificios próximos, la Iglesia Parroquial y la Casa del Vizconde, cuyas líneas externas se trataron de atmperar con las de las Casas Capitulares, consiguiendo así que los inmuebles más representativos del pueblo constituyeran un conjunto urbano armónico y equilibrado. Ligeramente reformadas en la segunda mitad del siglo XIX, en que la alteración más notable fue la modificación parcial de la cubierta para colocar el campanil del reloj, las Casas Capitulares llegaron a nuestros días con serias desfiguraciones nacidas de la imperiosa necesidad de buscar espacio para ubicar los cada vez más crecientes servicios administrativos del Ayuntamiento. Por eso se hizo preciso reconstruir el edificio. Las obras realizadas, en las que se ha sabio aunar la funcionalidad propia con su destino, con la recuperación de las notas más señeras de su histórico pasado, han permitido la recuperación para el patrimonio histórico -artístico local del que sin duda es su elemento más significativo.


Nº12
Curso 98/99
tercer trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle Don Pedro del Alcalde

Si bien es ésta una de las calles más céntricas de Los Villares, su origen es reciente. Su trazado y apertura fue aprobado en la sesión plenaria del Ayuntamiento de 26 de octubre de 1955, según el proyecto presentado por D. José Guijosa Delgado, propietario de la huerta sobre la que levantó dicha calle y planos del arquitecto D. Enrique Bonilla. El proyecto pretendía la construcción de 37 viviendas y la apertura de 3 calles, siendo ésta la que partiendo de la calle Jardín mantenía un trazado paralelo a las calles Hospital y Solana. Su nombre fue acordado en el Pleno Municipal celebrado en el 23 de septiembre de 1960, en honor al heróico villariego asesinado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia. Desde los primeros años de su apertura y hasta la fecha reciente, en el número 1 de esta calle se instaló la mercería de Pepe Guijosa, auténtico bazar “donde se encontraba de todo”. Durante la década de los sesenta y hasta la construcción del Centro de Salud, ésta era la “calle de los Médicos” pues en ella tenían sus D. Antonio Aguilar (no 24) y D. Rafael Blázquez (no 27); posteriormente en el no 8 estuvo la consulta de D. Francisco García. Durante esta época en el no 14 estuvo situada la herrería de Januario Rueda. En el número 29 vivió Ambrosia, persona que dedicaba parte de su casa como pensión para Maestros y Médicos. Desde 1975 se establece en ella la Cámara Agraria de Los Villares ocupando los bajos del edificio de pisos no 8; local que ocupa en la actualidad. Entre las personas populares de esta calle, cabe destacar a Anacleta Mármol, persona de avanzada edad, perteneciente a una institución seglar franciscana, que dedica gran parte de su tiempo a realizar flores y estrellas (aprovechando las tapas de los yogures y retales de tela roja) con las que decoran árboles de Navidad y se realizan peticiones al Espíritu Santo.



Nº12
Curso 98/99
tercer trimestre
María Olalla Luque Colmenero
Ana María Ruíz Herrador

POBLACIÓN Personas de la tercera edad en Los Villares

En la actualidad la población llamada “Tercera Edad” (mayores de 65 años) la
componen en nuestro pueblo un total de 882 personas, de las cuales 413 son
hombres y 469 mujeres. La persona más anciana es Eufrasio Higueras Pareja
(21.12.1900) personaje popular y querido por todo el pueblo por su labor
poética y a quien el Ayuntamiento le ha honrado poniendo su nombre a una de
nuestras calles.

Distribución por edad y sexo
TRAMO DE EDAD HOMBRES MUJERES
De 65 a 70 años 88 99
De 70 a 80 años 220 225
De 80 a 90 años 84 110
Más de 90 años 21 35

La sociedad les ofrece distintos servicios para que ellos se encuentren más
cómodos, seguros y acompañados. Entre ellos:
• El Ayuntamiento les atiende con:
a) Servicio de ayuda a domicilio (11 familias).
b) Servicio Municipal de Teleasistencia (17 ancianos).
c) Comida a domicilio (2 ancianos).

•El Centro Municipal de Adultos les tiene organizadas las siguientes
actividades:
a) Taller de memoria (15 ancianos/as).
b) Taller de gimnasia (14 ancianos/as).
c) Taller de cerámica (25 ancianos/as).

•Al hogar del jubilado suelen acudir unos 80 ancianos/as
aproximadamente donde dedican el tiempo a la lectura, la televisión y a
juegos de mesa.

•Entre los ancianos/as de nuestra localidad se ha constituido una
asociación, “La Fuente” a la que pertenecen unos 400 de ellos.

Nº12
Curso 98/99
tercer trimestre
Esther Muñoz y Celia Luque

ESTAMPAS CON HISTORIA El milagro en la venta de Los Villares

En el número 11 de “La Fuente”, Manuel Palacios Zamora publicaba unas notas muy acertadas sobre el paso de San Juan de la Cruz por Los Villares. Y como el tema es de interés, consideramos oportuno añadir algunas precisiones que complementen lo publicado y arrojen alguna luz sobre este olvidado episodio del que hay escasa confirmación documental. Fr. Juan de la Cruz (1542-1591)dejó muchos recuerdos en la provincia de Jaén. Desde su llegada a nuestra tierra en 1578 hasta su gloriosa muerte en el convento de Úbeda en 1591, San Juan de la Cruz recorrió a fondo la provincia animando en ella la reforma de los Descalzos. Especialmente, desde la primavera de 1585 al verano de 1588 Fr. Juan despliega una impresionante actividad caminera que le lleva continuamente de un sitio a otro. Sobre todo cuando tras el capítulo celebrado en Pastrana en octubre de 1585 se le eligió vicario provincial de Andalucía, por lo que tenía que visitar y atender los negocios de los conventos descalzos de Granada, El Calvario (Villanueva del Arzovispo), la Peñuela (La Carolina), Málaga, Caravaca, Sevilla y Guadalcázar, a parte de los conventos de monjas de la Orden, no menos numerosas y desperdigados. Unas veces andando y otras con el apoyo de un borriquillo, sin más compaña que un padre descalzo que le auxilia como secretario y algún hermano lego, el Santo va de pueblo en pueblo, dejando en todos sitios su recuerdo y su impronta. Escasos son los rastros documentales que han quedado de este incesante ir y venir, por lo que muchas veces las referencias están desfiguradas e incluso inventadas por sus devotos. Pero buena parte de ellas, sin mayor precisión de fechas y circunstancias, han llegado a nosotros gracias a las declaraciones procesales de quienes le acompañaron y trataron en sus viajes. Y en este contexto es donde aparece la referencia al paso de San Juan de la Cruz por Los Villares, pueblo entonces recién fundado. La conocemos por la declaración que en su momento hizo uno de sus habituales acompañantes, el hermano Martín de la Asunción y que se conserva inserta al folio 1047 del manuscrito 12738 de la Biblioteca Nacional, una de las fuentes más notables para el estudio biográfico de Fr. Juan. El suceso -no se sabe la fecha exacta- debió tener lugar en los primeros meses de 1587. San Juan de la Cruz, acompañado por los hermanos Pedro de la Madre de Dios y Martín de la Asunción, venía de Córdoba y posiblemente se dirigiera al nuevo convento carmelitano de Mancha Real. El Santo seguía una ruta extraña y dilatada, que se estuvo usando hasta el último cuarto del siglo XVIII. De ella encontramos cumplida referencia en las informaciones que en 1781 facilitó D. Francisco Tomás de Porcuna y Fuentes, prior de Valdepeñas de Jaén, al geógrafo D. Tomás López. Es un camino que desde Porcuna alcanza el término de Martos y desde aquí siguiendo dos variantes va hacia Valdepeñas -doce cuartos de legua- “...por el Cerro del Viento, que a las dos leguas está el Salado, que nace del dicho Cerro del Viento...” camino apacible porque”... son llamadas, con algunas hoyas, tal cual cortijo, olivares y caserías...”. Prosigue por Valdepeñas, desde donde hay otros doce cuartos de legua hasta Jaén, dejando en medio Los Villares. Viniendo desde Córdoba por esta ruta, siguiendo el comino Bujalance, Cañete, Porcuna, La Higuera, Martes, Valdepeñas, Los Villares, Jaén, Mancha Real, marchaba Fr. Juan de la Cruz con el imprescindible borriquillo y acompañado de dos legos carmelitas, los hermanos Martín de la Asunción y Pedro de la Madre de Dios. Sobre pasado Porcuna, ya en las proximidades del río Salado, el hermano Pedro de la Madre de Dios, por imprudencia propia de la juventud tuvo un grave accidente fracturándose la pierna derecha. Curole Fr. Juan provisionalmente y prosiguieron su larga etapa hasta llegar a la venta o mesón de Los Villares donde se detuvieron. Y al tratar de auxiliar al accidentado para que descabalgara, advirtieron que había sanado prodigiosamente. Mas dejemos que sea el propio hermano Martín de la Asunción quien nos narre el suceso en su declaración testimonial: “...un día -dice- viniendo de Córdoba el Padre Fr. Juan de la Cruz y un hermano que se llamaba Pedro de la Madre de Dios, donado de nuestra Santa Religión que andaba con el Padre Fr.Juan de la Cruz, porque era en aquella ocasión vicario provincial desta provincia, llegando los tres a un río que se llama el Salado, que está debajo de la villa de Porcuna, dio a correr el hermano por un cuesta abajo, y corriendo como iba, se le quebró la pierna derecha y se cayó allí luego como muerto; y riéndome yo de la caída antes de que llegásemos los dos, me dijo el Padre Fr. Juan: * No se ría, que se ha hecho mucho mal nuestro hermano... Y llegando a donde estaba nos apeamos y tenía la pierna como una caña cascada y salidos los huesos aunque no fuera de la carne. Y el Padre Fr. Juan lo curó allí y lo subimos en una de las cabalgaduras y llegando a una venta que está cabe LOS VILLARES, parando allí a comer, le dijo a Fr. Juan de la Cruz, * Aguarde, hermano, lo apearemos desa cabalgadura para que no se lastime... Y respondió el hermano: * Padre, ya vengo bueno, que no me duele nada. Y se apeó sano y bueno como si no hubiera habido tal...” No hay más referencia documental de esta estancia de San Juan de la Cruz en Los Villares y lo enrevesado de la ruta seguida junta a la imprecisión en la secuencia de los pechos nos plantea mas de una duda. Pero lo cierto es que la referencia está ahí y merece ser anotada. Escasamente recogida por los biógrafos del Santo, en la edición que se hizo en Sevilla en 1703 de las “Obras Espirituales de San Juan de la Cruz”, que va precedida de un “compendio de la vida de San Juan de la Cruz”, redactado por el P. Jerónimo de San José, sí se recoge e incluso se ilustra el episodio con un gravado hecho por Matías de Arteaga. Luego lo glosarán otros biógrafos, sobre todo el P. Crisógono de Jesús. Gracias a sus testimonios, Los Villares se incorpora a la sugestiva geografía sanjuanista, para que también nosotros podamos enorgullecernos aplicando a nuestro pueblo aquella estrofa que inmortalizó este frailecico santo, místico y poeta:

 “...Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura, e yéndolos mirando, con su sola figura vestidos los dejó de su hermosura...” 


Nº12
Curso 98/99
tercer trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

NUESTRO ESCUDO

En heráldica el escudo es el campo donde se ponen los símbolos. Nuestro escudo si bien no se conoce con exactitud la fecha en que se adoptó, todo parece indicar que fue a finales del s. XVII. Es el nuestro un escudo cuarteado en cruz y timbrado con una corona ducal. En el primer cuartel tenemos una torre de oro mazonada y aclarada sobre campo de gules (torre mazonada es aquella en la que se observan las piedras en sillería y aclarada que la puerta y las ventanas tienen un color determinado, en este caso oro). En el segundo cuartel, en campo de plata, tenemos un león rampante de gules, coronado, (el color plata es el blanco en la heráldica). En el tercer cuartel, en campo de sínople (quiere decir color verde heráldica) una llave de oro. En el cuarto cuartel, en campo de gules, dos espadas cruzadas con la punta hacia arriba de plata (sobre gules quiere decir color rojo en heráldica). A continuación vamos a describir el significado de cada uno de sus símbolos: castillo: significa grandeza, elevación, asilo y salvaguardia. En nuestro escudo además representa la pertenencia al reino de Castilla. León: representa la fuerza, la valentía y también la pertenencia al reino de León. Llave: significa reposo, tranquilidad y seguridad. En nuestro escudo además representa puerta y frontera entre el reino de Castilla y el de Granada pues tras la conquista de Jaén por Fernando III el Santo en 1246, la frontera entre ambos reinos se situó en nuestro término. Espadas: están referidas a la guerra y a la muerte, a la justicia y al poder soberano. En nuestro escudo representan además lugar de batallas pues hemos de recordar que entre otras, en nuestro término hubo batallas importantes como la de la Cueva del Contadero entre romanos y púnicos o la de Puntales de Navastrillo entre cristianos y godos.


Nº12
Curso 98/99
tercer trimestre
Javier Ochoa Erena y Álvaro Pérez Fernández

NUESTRA INDUSTRIA Mesón de los Caballeros

Creado en 1970, dentro de los Planes de Desarrollo Turístico Rural, el “Mesón de Los Caballeros”, es sin duda, uno de los restaurantes más importantes y conocido de nuestro pueblo. Situado cerca de Valdepeñas, el Mesón fue construido sobre los restos de una yesera y molino de harina de los que aún se conservan algunos rulos como ornamento en el patio de verano. Fue inaugurado en 1970 por D. Antonio Rodríguez Acosta, Director General del Ministerio de Información y Turismo. El Mesón contaba con Bar y Salón Comedor. El ambiente acogedor y la calidad de sus comizas hizo que en la década de los setenta tuviera un boom extraordinario, siendo conocido no sólo en nuestra provincia sino también fuera de ella. Por él pasaron personajes populares y conocidos como “Cándido” el del mesón de Segovia, o D. Landelino Lavilla, presidente del Congreso de los Diputados. A finales de los setenta llevaa cabo una ampliación presentando Patio y Salón de Verano. En la actualidad regentan el Mesón, Ana Mari y Jose, sobrinos del propietario D. Luis Caballero Martes. Mantienen las recetas de “la abuela Consuelo” y la especialidad en las carnes, presentando exquisitos platos de carne de monte, conejo al ajillo, cabrito y chuletas, aliñadas con hierbas aromáticas de nuestra sierra que le dan un sabor especial. Suele ser lugar habitual de celebraciones y comidas de trabajo de entidades y empresas provinciales que junto a una buena comida quieren disfrutar del clima y paisaje que Los Villares les ofrece.



Nº11
Curso 98/99
segundo trimestre
Conchi Díaz y Maribel Merino

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle de Francisco Bonilla

Con sus 125 metros de longitud, la calle Francisco Bonilla comienza en La Fuente; es ésta una calle estrecha y rectilínea que sube en ligera pendiente hasta la confluencia con las calles Alta y Molino donde acaba. Su nombre está dedicado al erudito D. Francisco de Bonilla Anguita, ilustre villariego nacido en el número 5 de esta calle y al que puede considerarse como primer cronista local. Autor del libro “Cosas rancias de mi pueblo”, embarca hacia Cuba en 1895, con graduación de Teniente, donde fallece. De épocas más lejanas, recordamos que en el solar que actualmente ocupan las viviendas números 1 y 3 estuvo ubicada la primera casa cuartel que la Guardia Civil tuvo en Los Villares. Frente a ella se encontraba la Posada con fachada principal a la Fuente; más arriba, en el número 6 estuvo la casa de Da Micaela Chamorro, importante señora que poseía Jabalcuz y otras grandes fincas (actualmente el solar y huerto de esta casa se ha urbanizado surgiendo una nueva calle, que comunica a ésta con la de D. Emilio Cabrera); frente a ella había otra posada más pequeña, la de “Los Albasines”. En esta casa se estableció en los años sesenta la empresa “La Familia Artesana”. Había en esta calle dos molinos de aceite, uno era molino de agua, aprovechando la que bajaba de Riofrío; posteriormente se edificó en él un cine de invierno y sala de verano “Cine San Lorenzo” que regentaba la familia Abril. Eran los años sesenta. Más tarde estos terrenos se urbanizaron creándose con ellos las calles Emilio Cabrera y los Pozos. Frente a éste, en el número 41, había otro molino movido por mulos; era el de Anita Rosa (la de Guantes). Terminaba la calle en un lavadero, aprovechando el arroyo descubierto que bajaba de Riofrío. Frente al lavadero existía una hornacina con una estación del Viacrucis que se rezaba en Viernes Santos (ésta se mantiene hoy día). En épocas más recientes, en el número 3, estuvo durante muchos años “la pescadería de Rosa”, que tras pasar por su hijo y nietos se mantiene en la actualidad en la calle Zurriadero. En las décadas de los cincuenta y sesenta, en el número 35 se encontraba el estanco de Elena Moltanbán, que era uno de los dos con que contaba el pueblo. En la actualidad encontramos en ella: la tienda de comestibles de Juan Romero (nº1); la autoescuela Amate (no2); electrodomésticos Romero (nº6); la barbería de Antonio (no18) y la tienda de comestibles de Dimas (nº45).


Nº11
Curso 98/99
segundo trimestre
Esther Muñoz Martínez
Celia Luque Lomas

NUESTRO PASADO San Juan de la Cruz en Los Villares

Bien por ese gusanillo que nos arrastra a husmear legados o papeles, la historia o sencillamente las cosas del ayer como del hoy, y bien porque se trate de cosas de nuestro pueblo, o de ambas cosas a la vez, como es el caso que nos trae. Desde luego que uno no puede sustraerse a la alegría que proporciona el poder comprobar tan sólo que el nombre de nuestro Jaén se encuentra contemplado en obras y escritos de fama mundial. Por ello y con la finalidad de que esto sea conocido lo refiero a continuación. Como ejemplo el prestigioso escritor francés Prosper Mérinée, nacido en París en 1803, y en su libro “Viajes a España”, narra sus varios viajes a Jaén. Así mismo el autor indio Rudyard Kipling, autor de “Luz que se apaga”, menciona Jaén en su capítulo III. No se me dirá que esto no nos enorgullece, pero mucho más nos agradará sabiendo que no sólo lo citan los autores anteriores sino el mismo San Juan de la Cruz en su “Obras diversas”. Es mucho más agradable para nosotros, los villariegos, saber que este autor hace explícita mención de nuestro pueblo. Es cierto que este santo vivió varios años por nuestra provincia. Como creemos que este libro ha sido y sigue siendo lectura obligada de aquellos que no sólo han estudiado carrera, sino también, y como es mi caso, de los que necesitamos un apoyo cultural, un ejemplo del bien escribir y del bien hacer en esta vida. De ahí precisamente es de donde viene esa mi curiosa investigación. Cuando uno tiene la escasa y veraniega oportunidad de viajar, una de las cosas por las que más me intereso es la de buscar libros antiguos, y en esta ocasión en la lejana Barcelona, teniendo conocimiento del mercado de ocasión barcelonés, así como el antiguo rastro, yo veía libros y más libros. Quería nadamás y nada menos que encontrar un libro antiguo de San Juan de la Cruz, así como una edición del pasado siglo. ¿Motivo? Pues sencillamente que en la ciudad que menciono llegué a tomar contacto con un ex-camaldulense, o sea, de la orden de San Bruno. Esta persona, al saber que era de Jaén, y en concreto que nací en Los Villares, se alegró sobremanera. Me habló de San Juan de la Cruz, autor que él había leído y meditado muchas veces, de ahí que conociera los viajes y estancias del santo en ésta nuestra tierra. Pero no acabó ahí mi agradable y gran asombro: ¡El ex-camaldulense se sabía casi de memoria las obras de San Juan de la Cruz!, y ello, a pesar de qu ya eran bastantes los años en que se había salido de aquella orden tan dura y penitente, motivo por el cual él no había podido resistir pues no todos tienen tanta fortaleza. Me decía que era una vida contemplativa y de continuo sacrificio, en síntesis: “comer y dormir poco, trabajar y rezar mucho”. Esta persona me aseguró que San Juan de la Cruz visitó Los Villare en el mes de enero de 1587. Lo recordaba muy bien, que venía de martes y llegó al pueblo y se hospedó en la posada que había subiendo una cuesta. Como el amigo me vio tan perplejo al contarme esto, se afianzó en ello e incluso me dijo quien era el autor de aquella obra del Santo, se trataba de otro fraile, San José de Jesús María, carmelita descalzo. ¡Hombre, la duda siempre cabe! Pero no creo que una persona que se quiso entregar totalmente a Dios, mienta. Pero además cuando me lo relató fue en presencia de varias personas, unas de mi familia y otras personas mayores. De ahí que después me fuera a buscar libros antiguos, por si encontraba el autor que me había indicado. Pero desde el verano hasta ahora, y ya por mi cuenta, no solo he preguntado por varios conventos, incluido el de Jaén. Y por aquello de haber tantas ediciones como autores del santo además del tiempo transcurrido, no conocen ésa. Sin embargo la curiosidad me hizo releer de nuevo su vida, repasándola hay datos que son coincidentes, la biografía que yo tengo es de Aulogio Pacho y de 1987. San Juan de la Cruz nació en Fontiveros, provincia de Ávila, en 1542. Así, muy brevemente, esta sería su vida: de muchacho se fue a Medina del Campo donde hizo de carpintero, pintor y de acólicto entre otras cosas. En 1568 se hace sacerdote carmelita. En 1571 acompaña a Santa Teresa a la fundación de Alba de Tormes. En 1576 y 77 es preso en dos sitios distintos. Ya en 1578 comienza sus correrías por la provincia de Jaén; funda el convento del Calvario, y de la Peñuela, luego se encuentra en Beas de Segura y Baeza. En el mes de enero de 1586 lo nombran superior mayor de la orden en Andalucía, y por dicho cargo dan comienzo sus continuos viajes. Ahora recordemos que nuestro pueblo, Mancha Real, Valdepeñas y Campillo fueron como producto de aquella real orden de Da Juana de colonizar las tierras de Jaén de 1508; pero que en realidad no llegaría a ser un verdadero asentamiento hasta 1535 o más. Y si bien hay datos de que en nuestro pueblo en 1521 tenía un censo de 211 almas, es más que hipotético que el número de sus habitantes unos 15 años atrás, o sea en 1586, fuera algo menor, pero muy aproximado. Por ello no parece difícil que San Juan de la Cruz pasara una noche en Los Villares. Para afianzarme en esto no sólo he dejado transcurrir un poco de tiempo, sino que me he comunicado con mi familiar pidiéndole nuevamente los datos, para ver si cambiaba algo, pero he tenido la satisfacción que me ha enviado su versión y en nada difiere de la antes expuesta. Al menos sabemos que uno de los varios autores de San Juan de la Cruz relata su estancia por una noche en Los Villares.


Nº11
Curso 98/99
segundo trimestre
M. Palacios Zamora

ESTAMPAS CON HISTORIA Un pintor en Los Villares: Pedro Rodríguez de la Torre (1848-1915).

La singularidad del paisaje de Los Villares y su proximidad a la capital han supuesto siempre un fuerte atractivo para los artistas que gustaron de frecuentar el pueblo, buscando en él motivos para la inspiración y para el ejercicio de sus Artes. Y entre los pintores que frecuentaron el pueblo en el último tercio del siglo XIX, cuando pese a su cercanía a la capital Los Villares conservaba aún las notas más distintivas de sus esencias serranas, hay uno que destaca: Pedro Rodríguez de la Torre. Nació este pintor en Jaén el 1 de febrero de 1848. Iniciado en la Escuela de Dibujo que bajo la dirección de D. Manuel de la Paz Mosquera se había creado bajo los auspicios de la Real Sociedad Económica, sus dotes le granjearon una beca o pensión de la Excma. Diputación Provincial que le permitió marchar a Madrid para estudiar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, de la que fue alumno destacado en el período 1868/1871, mereciendo otra pensión para ampliar estudios en Roma donde fue condiscípulo de pintores tan señalados como Alejandro Ferrant, Francisco Pradilla, Casto Plasencia y Emilio Sala. Finalizado su periodo de formación regresó a Jaén donde instaló su estudio dedicándose intensamente a la pintura e iniciando su concurrencia a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Concurrió a las de 1876, 1878 y 1881 donde obtuvo una tercera medalla. Ejerció la docencia en la Escuela de Dibujo creada por la Real Sociedad Económica en 1882, en la que desde 1o de octubre de 1882 a 31 de mayo de 1887 fue profesor de la asignatura de “Dibujo del Antiguo”. Pasó luego a la Escuela de Bellas Artes de Palma de Mallorca. También fue profesor en Valencia y Barcelona, pasando finalmente a Zaragoza donde fue director de la Escuela de Artes y Oficios, cargo que ocupaba a su fallecimiento en mayo de 1915. En los años de 1873 a 1887 Pedro Rodríguez practicó asiduamente el paisaje y la denominada “pintura de género”, modalidad entonces muy en boga. Por eso se interesó muy vivamente por pintar tipos populares y escenas de la vida cotidiana del pueblo llano. Sería entonces cuando comenzó a frecuentar Los Villares, tal vez animado y protegido por un ilustre villariego, D. José Campos Alcalde (1809-1899), director y miembro destacado de la Junta de Oficiales de la Real Sociedad Económica, de la que el pintor era profesor. Le interesaba al artista recoger sobre todo tipos y figuras de las que en Los Villares se ofrecía entonces un amplio repertorio. Aún estaba vivo el interés por las escenas costumbristas que habían impulsado en su momento los pintoresrománticos y los seguidores de aquella corriente de “Los españoles pintados por sí mismo”. Por eso Pedro Rodríguez recoge en Los Villares muchos apuntes y hace más de un esbozo con la intención de luego llevarlo a lienzo. La dispersión de su obra, hoy en proceso de localización y estudio, nos impide por el momento conocer con detalle cual fue el fruto de sus reiteradas visitas a Los Villares. Pero afortunadamente nos queda una obra muy representativa. Se trata del cuadro titulado “Un Villariego”, óleo sobre lienzo de 36x46 cm, actualmente en la colección de D. Ricardo de Villegas Herrera. Pintura muy del agrado de su autor, que la seleccionó para ser expuesta en la Exposición Provincial de 1878, un sonado acontecimiento que a manera de ilusionada Feria de Muestras, organizó la Real Sociedad Económica en agosto de 1878. En esta exposicón, la pintura “Un Villariego” figuró expuesta con el número 1337 de catálogo, mereciendo muchos elogios. También se expuso en la exposición antológica sobre Pedro Rodríguez, que organizó el Instituto de Estudios Giennenses y el Museo Provincial en mayo de 1978. Representa a un vecino de Los Villares, ya de edad madura, que con un cigarrillo entre los labios posa en la encrucijada de una de las calles pinas y agrestes del pueblo. La pintura es todo un documento etnológico, pues nos permite conocer como era el traje popular de los villariegos en el pasado siglo, dejándonos una instantánea irrepetible de gran sabor costumbrista. En definitiva una hermosa estampa muy representativa del interés que el pueblo de Los Villares despertó siempre en los artistas comprovincianos y muy digna de ser más divulgada y conocida.


Nº11
Curso 98/99
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

lunes, 16 de diciembre de 2013

NUESTRA INDUSTRIA Embutidos Hermanos Molina Hernández

Traemos a las páginas de nuestra revista una de las industrias alimentarias más importantes de nuestra provincia y sin duda la principal de nuestro pueblo. Se trata de la fábrica de embutidos “Hermanos Molina Hernández”. Fundada hacia el año 1910 por D. Ignacio Molina Hidalgo, ha pasado de ser una industria pequeña y de carácter familiar a una importante fábrica de embutidos con una plantilla de 35 empleados. Los primeros trabajadores fueron el matrimonio formado por Ignacio Molina y Victoriana Hernández, junto con sus hijos. Su primera ubicación estuvo en la calle La Tercia, trasladándose posteriormente a la calle del Arroyo pasando por los números 3, 9, 13 y 15 donde inició su expansión. Tras su muerte en 1964 de Ignacio, toma las riendas su viuda Victoriana, a quién puede considerarse alma de la incipiente industria. En 1970 la industria incorpora cámaras frigoríficas, lo que permite la fabricación de embutidos durante todo el año y no en temporada como hasta entonces. En 1979 llevan a cabo una gran reforma en la industria incorporando además de a la familia a tres empleados. En el año 1982 la empresa se subdivide en dos, una de fabricación de embutidos (Embutidos Hnos Molina Hernández) y otra de despacho (Supermercado Los Moynos). En 1985 tras la muerte de Victoriana sus hijos se hacen cargo de la empresa. En 1986 con la nueva ley sanitaria trasladan la fábrica de embutidos al polígono de “Los Barreros” donde construyen una nave industrial de 1200 metros cuadrados, ampliando considerablemente la plantilla de la empresa. La última transformación es llevada a cabo en 1997 para homologarse y adecuarse a las reformas del mercado europeo. Los principales productos que ponen al mercado son: jamón serrano, chorizos curados, salchichón, lomo embuchado, morcilla y chorizos frescos, fuet, butifarra, chopped, mortadela y otros. La principal materia primaes el cerdo, utilizando además el pavo y la ternera para los productos cocidos. El proceso de fabricación es el siguiente: El cerdo es matado en Jaén en matadero homologado, y ya en fábrica se despieza y prepara según sus características para la elaboración de los distintos productos. Los productos se ponen en el mercado bien por su propia flota de camiones o a a través de transportes frigoríficos especiales cuando salen fuera de nuestra provincia. Su calidad los hace llegar a todas las provincias andaluzas y a Madrid, Barcelona, Valencia y Palma de Mallorca. A fin de velar por la calidad del producto la empresa ha creado sus propios controles tanto de calidad y temperatura de la carne como del nivel de cloro del agua para lo cual ha formado a su propio personal. A diario los servicios veterinarios de la Junta de Andalucía realizan los preceptivos controles sanitarios. Por último unos laboratorios “contratados por la empresa” controlan semanalmente la calidad de los productos ya terminados. Para terminar queremos agradecer a D. Juan Molina Hernández, gerente de la empresa, la atención que ha tenido al permitirnos traer a nuestra revista el estudio de su industria y desearle un próspero futuro, pues seguro redundará en el desarrollo de nuestro pueblo.


Nª10
Curso 98/99
Regina Aguilar Molina y Ana Ma Cabrera García

NUESTRA POBLACIÓN Padrón Rural de Los Villares de 1893

La población es un aspecto que cambia continuamente. Los Villares aunque ha sido siempre un pueblo pequeño ha sufrido constantes cambios en su población, no sólo en el número de habitantes sino también en cuanto a su distribución en el municipio. En el año 1893 la población de Los Villares era de unos 3600 habitantes pero no todos vivían en el núcleo de población. Muchos vivían en cortijos y caserían pues vivir en el campo les facilitaba su trabajo. Según el padrón rural de este año el número de villariegos que vivían en cortijos y caserías era de 345 de los cuales 35 aparecen como sirvientes. Comparado con el censo rural de 1888 la población rural ha bajado considerablemente toda vez que desde entonces había 561 villariegos diseminados por el término. A continuación vamos a detallar por orden alfabético las caserías y cortijos habitados en 1893 indicando el número de personas que residían en cada uno de ellos: CASERÍAS: 1-. De los Almendros (4 pers.); 2-. De Anguita (6pers); 4-. De la Cerca (3 pers); 5-. De la Cobatilla (dos familias de 6 y 6 pers); 6-. De los Cotos (2 pers); 7-. Del Cuco (3 pers); 8-. De Florencio (7 pers); 9-. De Hincapoco (2pers); 10-. De la Huerta de los Ojos (4 pers); 11-. De Mocha (8 pers); 12-. Del Moral (3 pers); 13-. Nueva (2 familias de 4 y 3 pers); 14-. Del Puente Bajo (5 pers); 15-. De Salido (3 pers); 16-. De San Antonio (5 pers); 17-. De San Blas (4 pers); 18-. Del Sol (2 pers); 19-. De los Torcales (5 pers) y 20-. De la Venta (8 pers). CORTIJOS: 1-. Del Álamo (4 familias de 4, 6, 7 y 3 pers); 2-. De los Arrieros (8 pers); 3-. De los Asperones (3 pers); 4-. De Bonilla (7 pers); 5-. De Buenahija (8 pers); 6-. De Cárdenas (2 familias de 9 y 6 pers); 7-. De Córdoba (4 familias de 6, 1, 5 y 6 pers); 8-. De la Cuesta (3 familias de 9, 4 y 4 pers); 9-. Del Charquillo (3 familias de 4, 6 y 5 pers); 10-. Del Chorrón (4 familias de 2, 8, 6 y 4 pers); 11-. Don Juan (2 familias de 3 y 2 pers); 12-. Entredicho (4 pers); 13-. Del Espinar (4 pers); 14-. De los Huertezuelos (8 pers); 15-. De la Iglesia (4 pers); 16-. De la Laguna (5 pers); 17-. De los Llanos Robles (3 pers); 18-. De Mataparda (2 pers); 19-. De la Merced (5 pers); 20-. De los Negrillo (3 pers); 21-. De los Pesebres (8 pers); 22-. Parada Alta “Petrolos” (4 familias de 7, 6, 4 y 6 pers); 23-. Parada Baja (5 familias de 7, 2, 4, 5 y 5 pers); 24-. De los Pollos (5 familias de 11, 5, 3, 2 y 7 pers); 25-. De Puerto Viejo (9 pers); 26-. De las Sopas (2 familias de 5 y 3 pers); 27-. De la Teja (5 familias de 4, 6, 3, 6 y 6 pers); 28-. De Tinajeros (3 familias de 6, 8 y 6 pers) y 29-. De la Yedra (10 pers).


Nº10
Curso 98/99
Mª Dolores Beltrán
Mercedes Higueras

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle Solana

El origen de la calle Solana, lo encontramos en el momento mismo de la fundación de nuestro pueblo pues es una de las seis calles que junto con la plaza configuraban el plano que Juan de Rolid hizo de la nueva población (1539). Con 400 m. de longitud y un trazado recto, ésta comienza en la calle Arroyo y acaba en el Vadillo, si bien en sus orígenes solo llegaba hasta la confluencia con la calle Jardín siendo en épocas posteriores cuando tuvo lugar sus dos ampliaciones, hasta la calle San Juan de Dios y desde allí al Vadillo. Elpor qué de su nombre hay que buscarlo tal vez en la etimología de la palabra “Solana” (sitio donde da plenamente el sol) y también al viento solano que por la orientación este oeste de la calle, recibe de manera frecuente. Éste fue su nombre hasta que en 1939 pasó a llamarse de Queipo de Llano. Posteriormente en 1984 retomaría su primitivo nombre, si bien para los villariegos nunca dejó de llamarse Solana. Por su céntrica situación, siempre ha tenido carácter comercial y administrativo. De épocas lejanas recordamos la existencia de la llamada “Molineta de Galán” y “Molino de Lorenzo Gámez”, ambos de rulos movidos por bestias, donde las familias tenían sus trojes en los que almacenaban la aceituna para su posterior molturación. El primero de ellos se encontraba situado en el solar que hoy ocupan las casas del 26 al 30 y el segundo en el número 34, actualmente ocupado por talleres de Artesanía San José. Durante los años 20, en la casa número 17 de esta calle, estuvo la Escuela Unitaria que regentó D. Electo Montón. Posteriormente en los años 30 y 40 se encontraba en ella la barbería de Miguel conocida como “El Talegón” y posteriormente en la década de los setenta -ochenta, la “Tienda de Telas” de Dolores Serrano. Entre los años 1952 y 1975 en el número 15 de esta calle se encontraba la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos y en el número 13, en la década de los ochenta, la zapatería de Juana Muñoz. Desde hace unos 50 años, en el número 34, existe uno de los talleres de mimbre de una de las industrias artesanas más importantes de nuestro pueblo, Artesanía San José. En el actualidad sigue manteniendo su carácter comercial y en ella se encuentran entre otros: la Pescadería Araque, la Consulta de Odontología de Da Ma José Alonso, la Droguería de Puri, la Boutique Infantil de Mari Ángeles, la Tienda de Comestibles de Encarnita Higueras y la Discoteca Juventud 2000. Queremos cerrar el estudio de esta calle con el recuerdo y homenaje de nuestra revista a una persona que dedicó su vida a la conservación y divulgación entre los más jóvenes de nuestra música y folklore popular, se trata de D. Apolonio Siles que vivió en el número 4 de esta calle.


Nº10
Curso 98/99
Ana Ruíz y María Olalla Luque

NUESTRO PASADO Un villariego del 98: D. Manuel Narciso Gómez Luque (Héroe de Cuba y canónigo “por méritos de guerra”)

La larga y penosa campaña que culminó en 1898 con la pérdida de Cuba y Filipinas, presenta una abundante galería de tipos y figuras merecedoras de cumplidas semblanzas. Como todos los pueblos españoles, Los Villares también mandó algunos de sus hijos a Cuba y Filipinas. De uno de ellos, ejemplo clásico del español aventurero y contradictorio, queremos esbozar su semblanza. Se traba de D. Manuel Gómez Luque, primero militar, luego clérigo, en el intermedio héroe y finalmente honroso titular de una canongía, insólitamente ganada “por méritos de guerra”. Nace circunstancialmente en Alcalá la Real, en1861, donde residió escaso tiempo. Tanto sus padres como sus abuelos eran de Los Villares. Por eso él se consideró siempre hijo de Los Villares. La precariedad de medios en su familia le llevó a marchar muy joven a Cuba, coincidiendo con un momento en que se reactivaba la insurrección en la Gran Antilla. Ello le ofreció la oportunidad de labrarse un porvenir en la milicia. Tenía solo 17 años. Entonces aprovechando la reorganización que se hacía en las fuerzas que garantizaban la paz en la isla, ingresa en la Guardia Civil. Manuel Narciso era hombre de acción y se manejaba con habilidad y valor. Por eso rápidamente hizo una brillante carrera: cabo, cabo 1o y sargento, empleos todos ganados por méritos de guerra. Mas cuando su futuro parecía estar en conseguir las estrellas de oficial, el Señor le salió al paso. Y en el curso 1885/86 ingresa en el seminario de Santiago de Cuba, aplicándose con decisión al estudio alcanzando un limpio expediente con notas de Beneméritas y Meritísimus. En 1893 es ordenado sacerdote, desarrollando su labor pastoral en las parroquias de Santa Susana de Caney y de la Trinidad, ambas de Santiago. Finalmente en 1895, pasó como capellán de coro a la Catedral Metropolitana de Santiago de Cuba. Como vemos, una carrera tan fulgurante como la que hizo en la Guardia Civil. Sin embargo, muy pronto su vida sufriría un duro cambio. La guerra de Cuba se había reactivado, y lo que es peor, en 1898 Estados Unidos entra en la contienda. D. Manuel Narciso siente renacer sus vivencias castrenses y se alista en una de las unidades de voluntarios organizadas para apoyar la exigua guarnición de Santiago de Cuba. El general gobernador de la plaza, D. Arsenio Linares, ante la difícil situación, se plantea un cerco defensivo a base de posiciones avanzadas. En una de ellas, la del poblado de Caney, sólo vuelven 80 hombres. Entre ellos nuestro paisano. Ante la gravedad el General Linares, al frente de una menguada tropilla desde la Loma de San Juan trata de frenar el avance norteamericano. La lucha es brutal. El General Linares tratando de infundir valor con su ejemplo cae gravemente herido y hubiese muerto si no llega a contar con la audacia de D. Manuel Narciso que consigue evacuarlo. Hasta 80 heridos había rescatado y evacuado sobre sus hombros, salvándoles de una muerte cierta. La Loma de San Juan cae también. Y el 16 de Julio de 1898 Santiago de Cuba ha de capitular ante el enemigo. Manuel Narciso es testigo de de la ceremonia castrense de la entrega de la plaza. La guerra de Cuba se ha perdido. Manuel-Narciso Gómez Luque es citado como “muy distinguido” y el Estado Mayor recomienda “se tengan en cuenta los deseos del interesado, incluyéndose como capellán en uno de los batallones que se embarquen para España”. Y a España vuelve en el vapor “Isla de Panay” llegando a la Coruña el seis de Septiembre de 1898. La repatriación supone para el clérigo Gómez Luque un preocupante conflicto personal. Buscando el amparo familiar solicita dos meses de licencia y vuelve a Jaén. El uno de octubre de 1898 se le certifica destino como “capellán del cuerpo de voluntarios” y en veintitrés de noviembre se le agrega al Vicario Castrense de la Capitanía General de Sevilla, a efectos de haberes. Trata de consolidar su situación en el empleo de capellán castrense pero el Vicariato General Castrense informa que ni tiene ni ha tenido la consideración de capellán castrense. Desde Los Villares, donde se acoge al calor de familiares y amigos, busca una salida a su situación y la encuentra en el apoyo del obispo Don Victoriano Guissasola, que acogió afablemente a Don Manuel-Narciso y tan pronto como pudo lo designó el cinco de noviembre de 1898 económico de la parroquia de San Pedro Advíncula de Escañuela. El uno de Marzo de 1889 llega como coadjutor al pueblo de los suyos, a la parroquia de San Juan Bautista, en Los Villares. No era ciertamente ninguna prebencia especial. Los Villares concuatro mil almas escasas, era un pueblo modesto y sencillo, con escasos alicientes. Tenía la ventaja de gozar del respeto y aprecio de sus paisanos y de tener próximo el calor de su familia. Don Manuel-Narciso se instaló en Los Villares y se entregó con celo y diligencia a su actividad pastoral. Eso sí, sin descuidar sus contactos con amistades e influencias, entre ellas las del general Arsenio Linares Pombo, antiguo gobernador de Santiago de Cuba que una vez repatriado ocupa empleos de prestigio y autoridad, entre ellos el de Ministro de la guerra. El general Linares tenía una deuda de vida con el heroico capellán, que un día aciego le rescató heróicamente de muerte segura. Y deseaba responder a tan noble gesto, pues le dolía que Don Manuel-Narciso terminara vegetando en un pueblecito andaluz. Por eso movió influencias en la Corte y consiguió en 1901 que la Junta de Recompensas le propusiera para ocupar una futura canongía por la insólita vía de “méritos de guerra”. No hubo de esperar mucho, pues en 19 de mayo de 1903 S.M. El Rey Don Alfonso XIII le presentaba para ocupar una canongía en la Catedral de Lugo. Rápidamente Don Manuel- Narciso arregló sus papeles y con ellos, el 8 de junio de 1903 tomaba prosesión de la canongía en la S. I. Catedral – Basílica de Lugo, cuando contaba con 42 años de edad. Muy pronto sus dotes humanas y su vasta cultura le granjearon amistades y simpatías y le integraron plenamente en la sociedad afable y provinciana de la ciudad gallega. Y en Lugo, en paz con Dios y con los hombres vivió largos años. Cumplió con diligencia y celo sus deberes como capitular, hizo el bien que pudo, se entregó a su tierra adoptiva... Algunos días, en la cordial tertulia de la sala familiar de su vivienda rememoraba en la placidez de la tertulia vespertina aquellos años de briosa juventud pasados en Cuba..., aquellos miedos y temores de la batalla del Caney. O describía, a quien quería oírle, las bellezas naturales de su pueblo de Los Villares. Así vivió hasta que a las 6 de la mañana de un 22 de julio de 1933 entregó su alma a Dios, a los 72 años de edad. Años después, en 1949, su ahijado-sobrino D. Narciso Peinado, cumpliendo un deber de gratitud, gestionó el reposo definitivo de sus cenizas en el nicho 48 del Panteón de Canónigos en el bello claustro catedralicio. Allí, muy cerca de donde duerme un sueño de siglos el bendito San Eufrasio, Patrón de la Diócesis de Jaén, espera la resurrección, olvidado de los suyos, ignorado de sus paisanos, aquel villariego ilustre que en vida se llamó D. Manuel-Narciso Gómez Luque, sacerdote y héroe del 98. Un personaje insólito que fue, para su gloria, nada más y nada menos que “canónigo por méritos de guerra”.


Taller de prensa Resúmen de la comunicación presentada al IV CONGRESO DE CRONISTAS DE LA PROVINCIA DE JAÉN POR D. MANUEL LÓPEZ PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE LOS VILLARES Jaén 1997

VISITA DEL MINISTRO Inauguración del Ayuntamiento

El pasado 3 de diciembre un grupo de alumnos/as de 6oB, acompañados de su tutor fueron a la inauguración del Ayuntamiento. Era un día de lluvia, había muchas cámaras de fotos, de televisión. En la calle estaba el Sr. Alcalde, Concejales del Ayuntamiento y varios vecinos esperando la llegada del Ministro. Al abrir la puerta del coche y en uno de ellos venía el Sr. Ministro. Empezaron a llegar coches y en uno de ellos venía el Sr. Ministro. Al abrir la puerta del coche un grupo de periodistas con sus cámaras no paraban de tomar imágenes. D. Mariano Rajoy es una persona elegante y simpática. Cuando entró en el Ayuntamiento el Ministro cortó la cinta y comenzó su visita por todas las dependencias. Visitó las tres plantas y al final llegó al salón de Plenos donde el Alcalde y el Ministro dirigieron unas palabras a todos los asistentes. El Alcalde dio las gracias por su visita y la participación en el acto y el Sr. Ministro dijo que estaba muy contento de estar allí y señaló que todos los días desayunaba tostadas con aceite de Jaén. Una alumna de 6oB, Mónica García, hizo entrega en nombre del Ayuntamiento de una placa al Sr. Ministro. La placa era un cuadro con el fondo morado, que tenía un olivo de plata que sobresalía y debajo tenía una pequeña placa que ponía: “Recuerdo del Excmo. Ayuntamiento de Los Villares”. Acabado el acto y ya en la calle, el Ministro dialogó con algunos alumnos/as del Centro y les mostró su carnet de socio del Celta de Vigo, a petición de estos alumnos.


Nº10
Curso 98/99
Mª Jesús Fernández
Mª Carmen Fuentes
Mónica García