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martes, 17 de diciembre de 2013

NUESTRA INDUSTRIA Tapizados Los Villares

Hoy traemos a las páginas de nuestras revistas a una de las empresas de la localidad dedicadas a la fabricación de muebles tapizados. Se trata de Tapizados Los Villares. El propietario de esta empresa es D. Cristino Fernández del Moral. La actual empresa se crea en el año 1991. Su propietario empezó como aprendiz de tapicería a los 15 años de edad en una de las empresas tapiceras de nuestra localidad. Estuvo en esta empresa hasta los 26 años, en que se trasladó a Fuensanta, donde ejerció como maestro tapicero y aprendió algo sobre dirección de empresas. Pasados dos años vuelve a Los Villares y monta su propia empresa en comunidad con otro socio. Los comienzos fueron muy difíciles. En agosto de 2000 se disuelve la sociedad quedando él como único propietario. Esta empresa se dedica a la fabricación de muebles tapizados, sillería, tresillos, butacas y sillones de relax principalmente. Las materias primas que utiliza principalmente son: madera para fabricar los esqueletos, telas, polipieles, gomaespuma y mecanismos articulados. Estas materias provienen del Levante español, Madrid, Vitoria y Galicia. Cuenta con una moderna maquinaria como compresores, taladros, máquinas de coser, máquinas cortadoras y tanque proyector de cola. En la actualidad trabajan en la empresa ocho personas entre administrativo, corte y confección, tapiceras y acabado. También cuenta con dos vehículos propios y conductor. La empresa está situada en la Avenida de la Paz, pero hasta el año 1991 estuvo ubicada en la Plaza de Carlos I, 10. Los productos fabricados se venden principalmente en las provincias de Granada, Málaga, Córdoba y Jaén, todo de ámbito regional siendo las épocas de mayor venta la Semana Santa, Navidad y época estival en las que la venta aumenta. Es objetivo de esta empresa a medio plazo el crecimiento de la misma y la ampliación del mercado a otras regiones deEspaña. Para finalizar D. Cristino Fernández del Moral, propietario de la empresa, quiere agradecer al pueblo y al Ayuntamiento el apoyo prestado para que Tapizados Los Villares siga adelante.


Nº17
Curso 00/01
segundo trimestre
Rosario Díaz
Ana Morillo

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle Antonio Molina

Hoy os vamos a dar a conocer una calle muy conocida por todos los villariegos, la calle Antonio Molina. Esta es una calle muy céntrica, pequeña y rectilínea, mide aproximadamente unos 70 metros de longitud. Está situada a escasos metros de “La Fuente”, entre la calle Arroyo, llamada así por el antiguo arroyo que transcurría por ella, y la calle Arco, nombre dado a esta última porque en la antigüedad había un arco muy popular. Si bien no aparece en el trazado que del pueblo hizo Juan de Reolid, es una de las primeras calles con que se amplía nuestro pueblo. Trazada sobre la cañada real que de Martos iba a La Guardia y que se cruzaba en La Fuente con la que de Jaén iba a Granada. Su primitivo nombre fue calle Llana, nombre que perduró hasta 1920 en que pasó a llamarse Antonio Molina, en honor a éste terrateniente que vivió en el número 14 de esta calle, en la popular “Casa de la niña”. Por su céntrica situación siempre ha tenido un carácter comercial, existiendo en la antigüedad, entre otros, los siguientes comercios: la panadería de Luis Higueras, hoy propiedad de los hermanos Cabrera, las tiendas de comestibles de Antonio ParrasSantiago y de Juan Manuel Higueras, la barbería de Jacinto Luque, la tienda de tejidos de Anastasio Romero Cárdenas, donde en la actualidad su nieto regenta el bar “El Pegote”, el almacén de material de construcción de Francisco Tuñón en el local que actualmente ocupa el pub “Milenium”, en el número 12 existía la lechería de Ma del Carmen Molina Hidalgo y desde tiempos remotos en el número 1 de esta calle ha existido un popular churrería de gran aceptación por todos los villariegos y veraneantes, las familias que han regentado la misma fueron: la familia Estrella, posteriormente Agustín Gámez y de éste pasó a la familia Castro, cuyo nieto la ha modernizado y ampliado con el actual “Rocker Bar”. A parte de los ya citados, en la actualidad, se encuentran en ella: el bar restaurante “Casa Dioni”, la mercería “Tu Ajuar”. Además de estos comercios, desde siempre, algunas famlias venden en sus puertas productos obtenidos de la huerta como tomates, pepinos, patatas, etc. Es de destacar que en el número 3 de esta calle, nació y vivió el actual rector de la Universidad de Jaén, D. Luis Parras Guijosa. Esta calle tiene normalmente poco tráfico porque es estrecha, pero no es muy tranquila debido a que hay muchos bares. La mayoría de sus edificios son antiguos y de tres plantas, ya que esta calle está en el casco antiguo del pueblo. En verano esta calle está muy animada porque todos los bares sacan sus terrazas a la puerta y la mayoría de las vecinas sacan sus sillas y charlan entre ellas.


Nº17
Curso 00/01
segundo trimestre
Mª Ángeles Araque Herrador 
Mª Eugenia Marín Ruíz

NUESTRO PASADO Un bien a conservar y restaurar: Los Molinos

Durante muchísimos años la vida cotidiana de las gentes, su diario alimento y aun la propia economía familiar giraron en torno a un producto básico: el pan. De ahí que nuestros pueblos fuersen eminentemente cerealistas y que los molinos y la tahonas se consideraran elementos imprescindibles en el tejido socio-económico de cualquier agrupación humana. Por eso, cuando la Reina Ma Juana dicta su conocida provisión para fundar villas en la Sierra de Jaén el año de 1508, se repite una y otra vez la bondad de los lugares escogidos para establecer molinos harineros. Y en consecuencia, en las diligencias de fundación del pueblo consta que el 28 de junio de 1539 el alguacil Melchor de Cañete, en presencia como testigos de Alonso de Rosales y el entallador Juan de Reolid, autor de la traza y planta de Los Villares, tomando de la mano al mayordomo del nuevo ayuntamiento, Alonso Martínez Zamarrón, “...le dio la posesión de los sitios para los molinos del Concejo, los que están junto con eldicho lugar por do viene una acequia de agua que dicen El Correadero, que bien de Río Frío...” Aquel molino harinero, que se concedía al Concejo como uno de sus vienes de Propios, había de ser único en la villa, para que al atender la molienda en plan de monopolio, sus rentas fuesen sustanciosas. Todos los años el Ayuntamiento sacaba a subasta el molino y lo arrendaba, previa escritura notarial e inventario de sus pertenencias, al mejor postor. Así se estuvo durante muchos años. En el catastro del Marqués de Ensenada, cuyas diligencias se realizaron en 12 de mayo de 1751, se pone de manifiesto, que en Los Villares no hay ningún tipo de industria, salvo tres molinos aceiteros y “...solamente un molino harinero que produce por arrendamiento ciento treinta fanegas de trigo en cada año...”, reiterando al consignar los bienes de Propios la existencia de “...un molino harinero que produce ciento treinta fanegas de trigo computado a prudente regulación un año con otro respecto de que sacándolo todo a la almoneda no puede dársele valor fijo de otra forma...” Este famoso molino, es el conocido como “Molino del Rey” y hasta las primeras décadas del siglo XIX fue el único que actuó de forma regular y legal. El Ayuntamiento proveía con celo a su reparación, renovando sobre todo las piedras y rodeznos. Algunas veces la piedra o la madera se buscaban sin licencia para ahorrar gastos, lo que originó algún que otro pleito al Ayuntamiento. La lectura de las escrituras de arrendamiento nos proporciona curiosas noticias sobre la actividad laboral y los útiles y enseres del molino. Aparte de este molino privilegiado, en el término de Los Villares hubo algunos otros que funcionaron esporádicamente y a veces, incluso de forma clandestina. Al desaparecer los privilegios con la puesta en práctica de las normas constitucionales de 1812, el funcionamiento y la construcción de molinos harineros, se liberalizó. Entonces empiezan a funcionar varios en nuestro pueblo, cuya actividad se dilataría bastante en el tiempo. Las medidas dictadas por la Fiscalía de Tasas y el Servicio Nacional del Trigo para controlar la maquina y sobre todo el decreto de 30 de junio de 1941 por el que se cerraban y precintaban multitud de pequeños molinos y los temores suscitados por los molineros por las correrías del “maquis”, motivaron la paralización de esta industria artesanal y tradicional. Luego, cuando un nuevo Decreto de 14 de junio de 1952 permitió su vuelta a la actividad, su tecnología estaba tan obsoleta y el comercio de harinas tan estabilizado, que los molinos acabaron sumidos en abandono e incluso en la ruina. Este tipo de molinos, muy lentos en su funcionamiento y con escasa capacidad de producción, tenían una infraestructura mínima y una elemental tecnología. Se emplazaban en un lugar rico en agua, preferentemente a orillas del río. Un caz o acequia de labrada sillería conducía las aguas hasta un “cubo” o torreón sólido cuyo interior, de sección circular, iba reduciendo su diámetro para así conseguir aumentar la presión del agua que lo llenaba. En el fondo del “cubo” había un orificio que conectaba con el “saetillo”, conducto que formaba y dirigía un potente chorro de agua hacia el rodezno. Era este un artilugio con forma de rueda, de un metro de diámetro, en cuyo extremo inferior iban paletas o cazoletas. El rodezno se disponía horizontalmente sobre un eje en cuyo extremo superior iba montada la piedra del molino. El impacto del chorro de agua sobre las paletas, hacía girar el rodezno y con él la piedra. El rodezno iba montado en el interior de una bóveda llamada cárcavo, sobre la que se edificaba la sala del molino. El agua, una vez que caía sobre el rodezno corría libremente sobre el cárcavo que iba a desaguar al río cercano. Junto a la sala de molienda, solía haber otras dependencias auxiliares. La construcción del molino era sólida y bien trabada, con predominio de la sillería y el ladrillo macizo. El pasado verano, en un rápidotrabajo de campo en que los auxilió y guió nuestro buen amigo D. Victoriano Muñoz, tuve oportunidad de establecer un breve catálogo de los viejos molinos harineros de Los Villares, tomando algunos datos y notas gráficas para iniciar su estudio. Estre estos molinos debemos reseñar, singularmente, los siguientes: “Molino del Rey”. El más antiguo de la villa. Hoy reconvertido en casa de recreo y merecedor de un estudio en profundidad. En el tramo algo del Río Frío, advertimos la existencia de varios molinos que responden a las nominaciones populares de “Molino de los Tontos” y “Molino de la Bruja”. Al confrontar su presencia en mapas antiguos, localizamos los nombres de “Molino de Lorenza Martínez”, “Molino de Brujas” y “Molino del Herrero”. En general estos molinos, según pudimos observar, se encuentran en relativo buen estado. Alguno ha sido objeto de la atención artística de destacados pintores. * Próximo a “Las Cimbras”, se localiza el antiguo “Molino del Romano”, también conocido en documentos y mapas antiguos como “Molino del Remanso” y “Molino del Diablo”. De todos y pese a encontrarse en completa ruina, es el más sugerente y el que más interrogantes suscita. Citado por Pascual Madoz en su famoso “Diccionario” (1842) lo hemos documentado como propiedad de Pedro del Alcalde Anguita, quien lo vendió en 1846. Pese a su lamentable ruina y abandono, tanto el cubo como los cárcavos permanecen en pie. Creemos que una labor de limpieza, tanto de escombros como de la vegetación que amenaza con fracturar sus sillares, podría dar mucha luz sobre su tipología y antigüedad. Quizá incluso algún dato arqueológico. Merecería ser objeto de algún tipo de actuación (campo juvenil de trabajo, actividad extraescolar, etc.) que posibilitara su estudio y su recuperación como elemento de interés etnológico. Desde estas páginas y con tan breve apunte, queremos llamar la atención sobre estos vestigios de nuestro de nuestro pasado y animar al Ayuntamiento a promover algún tipo de actuación que recupere y ponga en valor los molinos harineros de Los Villares, en la seguridad de que con ellos rescataríamos un bien de interés histórico, cultural y etnológico que ampliaría el reducido catálogo monumental y ambiental del pueblo.

Nº17
Curso 00/01
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

ESTAMPAS CON HISTORIA Ventura Rodríguez y el Ayuntamiento de Los Villares

En el número 12 de “La Fuente” publicábamos un trabajo en el que estudiábamos el proceso constructivo del edificio de las Casas Capitulares de Los Villares y advertíamos su indudable valía como elemento significativo de nuestro reducido patrimonio histórico-artístico. Y he aquí que al proseguir nuestras investigaciones sobre el edificio hemos localizado una noticia de gran interés, según la cual las trazas y el boceto inicial de este edificio se deben al insigne arquitecto Ventura Rodríguez Tizón (1717-1785). Nacido en Ciempozuelos (Madrid), este celebrado arquitecto se inició como delineante de Cristóbal Marchán, cuando éste dirigía las obras del Palacio Real de Aranjuez. Continuó bajo las órdenes de Felipe Juvara colaborando en las obras del Palacio Real de Madrid, empeño en que prosiguió al lado del italiano Juan Bautista Sachettii. Consolidado su prestigio como arquitecto, en 1752 se le nombró primer director de Arquitectura de la Real Academia de San Fernando, centro del que luego sería director. En su obra, muy profílica y extendida por España, podemos señalar ejemplos tan notables como la iglesia de San Marcos, en Madrid; la reforma clasicista del Pilar de Zaragoza; la iglesia de los Agustinos en Valladolid... Proyectó la reforma del madrileño Paseo del Prado y las fuentes del Apolo, Cibeles y Neptuno. Suyos fueron también los palacios de Liria y Altamira. “...Reputado -dice E. Llaguno- como el mejor arquitecto del Reino, se le consultaba, se le oía y se adoptaba su parecer...” En 1775, con motivo de un viaje que hubo de hacer a Málaga, el Consejo le ordenó que se detuviese en Jaén e hiciera un prolijo informe sobre las obras que habían de hacerse para finalizar la Catedral, a cuyo efecto debería preparar trazas y presupuestos. Ya hacía tiempo que Ventura Rodríguez estaba en contacto con el Cabildo de Jaén, al que en la primavera de 1761 había enviado los planos para la iglesia del Sagrario, de cuyas obras quedó encargado. Coincidió todo ello con momentos en que el Concejo de Los Villares, muy preocupado por la carencia de un edificio digno y capaz donde celebrar sus juntas y reuniones y donde albergar los principales servicios municipales, inició gestiones para hacer de nueva planta unas casas Capitulares, aprovechando el solar de la primitivas que se habían arruinado en los primeros años del siglo XVIII. A tal efecto la Corporación Municipal, compuesta en aquellos días por los alcaldes Francisco de Gámes y Francisco García de Mena, los regidores Juan Arroyo y Manuel Molina, los diputados Agustín Fernández y Juan Civantos y el síndaco Francisco Garrido acordaron, en 14 de marzo de 1769, dirigirse al Real Consejo deCastilla solicitando licencia para la obra. Las gestiones, de las que se encargó como procurador en Madrid Pedro Ramírez, motivaron que en 1770 el Consejo de Castilla, por medio de la Contaduría de Propios, requiriense a Ventura Rodríguez para que hiciera el correspondiente proyecto y presupuesto, ajustados a las directrices marcadas por la Real Academia de San Fernando. Fue así como las Casas Capitulares de Los Villares entraron a formar parte de las dieciséis casas consistoriales que se le han documentado al arquitecto en diferentes pueblos y ciudades españolas. La noticia la recoge D. Eugenio Llanudo y Amirola (+1799) en la semblanza de Ventura Rodríguez que incluyó en el volumen IV de su conocida obra “Noticias de los Arquitectos y Arquitectura Española desde su restauración”. En ella, al catalogar las casas del ayuntamiento o consistoriales diseñadas por el arquitecto madrileño, incluye: “...En 1770 el Ayuntamiento de la villa de Los Villares y los de la cárcel, carnicería y otras obras adyacentes, acompañando un informe para su construcción. La fachada del Ayuntamiento era de dos cuerpos y tenía un ático encima que terminaba en frontispicio...” Concedida la oportuna licencia por el Real Consejo de Castilla con fecha de 14 de junio de 1773, la ejecución y dirección de obra se asignó a D. Manuel López”... profesor de Arquitectura, vecino de la ciudad de Jaén, persona de conocida habilidad y conducta para el desempeño de obra de esta importancia...” Era este arquitecto uno de los seguidores y discípulos de Ventura Rodríguez y como tal contribuyó a difundir y vigorizar en la capital la normativa y el estilo que emanabade la Academia. De ahí, que posiblemente a propuesta de su maestro se le nombrara para la dirección facultativa de esta señalada obra. La escasez de fondos obligó a hacer algún reformado al proyecto, mas pese a ello se planteó un edificio de sobria arquitectura, cuya edificación se llevó a cabo entre 1773 y 1775. Orgullosos podemos sentirnos de que las Casas de Capitulares de Los Villares, felizmente recuperadas en nuestros días tras una inteligente rehabilitación, tenga su origen en arquitecto tan significativo para la Historia del Arte como Ventura Rodríguez. Confiamos en que las gestiones que venimos realizando en los archivos madrileños den fruto y pronto podamos ofrecer a los lectores de “La Fuente” los planos originales de este popular edificio.


Nº17
Curso 00/01
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares