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miércoles, 18 de diciembre de 2013

GALERÍA DE VILLARIEGOS ILUSTRES Pablo Alcalde Higueras (1927-1996) Músico y poeta

Pablo Alcalde Higueras nació en Los Villares el 25 de enero de 1927. Su niñez y adolescencia le vieron trabajar duro en el obrador de panadería que regentaba su padre, iniciándose con uno de sus hermanos en el cultivo de la Música para lo que demostraba singulares aptitudes. Como muchos jóvenes de su tiempo decidió alistarse voluntario en el Ejército para así poder residir en Madrid y tener oportunidad de iniciar sus estudios musicales. En el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid cursó con aprovechamiento estudios de solfeo y violín que culminó en 1947. La necesidad de afrontar su esfuerzo al negocio familiar le obligó a regresar al pueblo, donde creó una popular orquesta llamada “La Villarense”, en la que comenzó a manifestarse su dominio de los instrumentos de cuerda. Tras contraer matrimonio con Mercedes Tirado Fuentes, con la que formó una numerosa familia de ocho vástagos -siete varones y una hembra- las obligaciones familiares le llevaron a la ciudad de Andújar, donde se residenció desde 1955 atendiendo la tahona familiar en la calle Palomar. En Andújar prosiguió con su vocación musical creando un grupo que en principio se denominó “Los Ruiseñores de Sierra Morena” y más tarde “Los Románticos”. Con este grupo realizó innumerables intervenciones tanto en la provincia como en otras capitales españolas consiguiendo numerosos premios y distinciones. Colaboró con el recordado cantautor “José Luis y su guitarra”, e incluso en 1960 grabó con la casa Hispavox un disco de melodías en honor de la Virgen de la Cabeza que llegó a ser muy popular. En 1965 creó la rondalla “San Eufrasio”, un excelente conjunto de cuerda que llegó a contarcon más de un centenar de miembros y que hizo indispensable en los actos culturales que se celebraban en la comarca de Andújar. Sus dotes personales le granjearon múltiples afectos, al extremo que en 1992 el Ayuntamiento de Andújar le nombró Hijo Adoptivo de la ciudad. También mereció el título de “Romero de Honor” por su colaboración en la tradicional romería al Cabezo. Y en noviembre de 1996 el Colegio Público San Bartolomé le entregó el título de “Maestro Honorario” en reconocimiento a la generosa labor docente que ejerció durante años acercando a los niños al mundo de la música. Inspirado poeta publicó dos poemarios: “La poesía de Pablo Alcalde” (1982) y “Junco en vuelo” (1992). Una larga y cruel enfermedad truncó su entusiasta labor, falleciendo en Andújar en 15 de diciembre de 1996. Por entonces preparaba un tercer poemario que iba a titular “Acarela de amor”. Su pérdida tuvo amplios ecos en el mundo cultural iliturgitano y el ayuntamiento acordó dar su nombre, en enero de 1997, a una calle de la ciudad que él hizo su tierra adoptiva. Una recopilación de la obra de este ilustre villariego, tanto como musical, nos daría, sin duda, la exacta valoración de un paisano digno de permanente recuerdo.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Manuel López Pérez
Cronista Oficial de Los Villares

NUESTRA INDUSTRIA Confitería Díaz

En esta ocasión nuestra revista presenta una empresa familiar de gran arraigo en nuestro pueblo, se trata de “Confitería Díaz”. Dedicada a la fabricación de dulces tradicionales y artesanales, repostería y croisantería, Confitería Díaz guarda y mantiene las recetas y costumbres de cuatro generaciones de confiteros cuyos orígenes arrancan del bisabuelo José Díaz Martos y su esposa Dolores Molina, que fueron quienes introdujeron la Confitería en Los Villares. Éste, de oficio “albardonero”, se trasladó un buen día, a finales del siglo XIX, a la vecina localidad de Fuensanta para aprender del Confitero de este pueblo las bizcotelas y otros dulces que allí se elaboraban; a cambio él le enseñó su oficio de albardonero. Es así como de esta forma tan peculiar se introduce en Los Villares el ofico de confitero. Posteriomente, éste actuaría como maestro de confiteros en pueblos como Albanchez, Bedmar y Jódar, famosos por su especialidad en bizcotelas. En las dos primeras generaciones, junto a la eleboración de dulces, fabricaban también de forma artesanal licores como el coñac, la ginebra, el ron, aguardiente y el célebreresol. La primera ubicación de la Confitería estuvo en la Calle Jardín, no5 y se la conocía con el nombre de “Confitería La Perla”, posteriomente y por poco tiempo se situó en la Calle Antonio Molina, no8, casa que en la actualidad ocupa el Bar Dioni, de ahí se trasladó a la Calle La Tercia no10, donde fue regentada por los abuelos Pedro Díaz Molina y Teresa Romero Cárdenas. En 1970, tras volver a Los Villares, Abelardo Díaz recupera el oficio de sus padres y se establece en la Calle Arroyo no17, en la que actualmente se encuentra. En la actualidad los principales productos que elabora son: las bizcotelas, las patas de cabra, las magdalenas, tartas, merengues y croisanes. La materia prima que utilizan para su elaboración suele ser el almidón de trigo, las harinas candeales, azúcar, huevos, aceite de oliva y limones; todo ello elaborado con recetas sacadas de un manuscrito de principios de siglo pasado y que se conserva en poder de los propietarios. La maquinaria que utiliza la Confitería es una amasadora, una batidora, un mortero de piedra, el molino de azúcar, distintos tipos de cazos y hornos eléctricos. Si miramos al futuro, la empresa tiene garantizada su continuidad pues sus hijos Abelardo y Tere ya forman parte de la misma y están introduciendo la croisantería. Así mismo están pendientes de recibir el permiso de apertura de un Obrador en la Calle La Tercia. Desde nuestra Revista deseamos que la tradición artesanal de esta Confitería se mantenga viva durante muchos años y que nuestras nuevas generaciones sigan recibiendo el preciado obsquio material y tradicional de las bizcotelas.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Lidia Cañadas
Mª Elena Gutiérrez

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle La Guardia

Del estudio de las calles de Los Villares, que venimos llevando a cabo ennuestra revista, hoy toca sacar a la luz la calle de La Guardia, una de las más antiguas de nuestro pueblo, que si bien no estaba en el trazado del plano fundacional de Juan de Reolid, si aparece ya en el censo de 1735 lo que nos indica que fue una de las primeras ampliaciones del plano urbano de Los Villares. Con sus 350 metros de longitud y sus 5 metros de anchura, nace en la calle Moraleda Alta y acaba en el puente sobre el río Frío, popularmente conocido como “el puente del río Cantón”, donde comienza la calle Ladera, llamada así por su pronunciada pendiente. Es su primer tramo de ligera pendiente hasta el llamado patinillo, donde en la antigüedad hubo uno de los muchos pilares distribuidos por el pueblo, y frente a él existe el portillo que da entrada a las huertas existentes junto al río. Desde ahí, su trazado es llano e irregular, hasta el puente sobre el río, donde finaliza la calle. Este puente fue inaugurado durante las fiestas del Rosario del año 1924 por D. Juan Tuñón Garrido, alcalde de la localidad, siendo bendecido por el párroco D. Francisco Ortega Espejo. Antes de que se contruyera el puente la comunicación con la calle Ladera, era a través de unas piedras, conocidas popularmente como “coladeras”, sobre el río lo que dificultaba su tránsito cuando venía crecido. Hasta la década de los sesenta esta zona del río era utilizada como lavadero por las mujeres de las calles limítrofes y era frecuente ver ropas tendidas en los matorrales que había junto al río. Su nombre de calle de La Guardia, le viene de que su trazado se hizo sobre la Cañada Real que iba de Martos a La Guardia, conocido como el camino de La Guardia, siendo éste el único nombre que ha tenido hasta hoy. Es ésta una calle tranquila y de poco tráfico y en la antigüedad por su carácter de extrarradio existían en ella varias cabrerizas, siendo común en estas viviendas la existencia de “escotillones” en el suelo de la planta baja para facilitar el paso del ganado a los sótanos de las mismas, utilizados como corrales. Un personaje de esta calle, que vivió al final de la misma, en la conocida “lonjilla” fue Juan Antonio Cañadas, persona que carecía de ambas piernas y era muy popular entre los chiquillos por el kiosco de chucherías que tenía en la plaza del Ayuntamiento.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Mª Ángeles
Cabrera Irene Pérez

ESTAMPAS CON HISTORIA El perdido Palacio Jaenes de los Vizcondes de Los Villares

Dadas las estrechas vinculaciones que tuvo con nuestro pueblo, queremos ofrecer aquí una evocadora visión de uno de los edificios más notables del patrimonio histórico -artístico de la capital, lamentablemente- artístico de la capital, lamentablemente perdido: el Palacio de los Vizcondes de Los Villares. Aunque la casa solar de la hidalga familia de los Ceballos estuvo -y afortunadamente está- sita en la Carrera de Jesús, junto al convento carmelitano de Las Descalzas, cuando D. Francisco de Zeballos Villegas Sainz y Solórzano (1655-1709) recibe por merced de Felipe V otorgada en 15 de septiembre de 1707 y ratificada en 2 de mayo del año siguiente el Cizcondado de Los Villares, la familia comenzó a habitar un edificio de mayor amplitud y prestacia representativa situado al inicio de la calle Hurtado, inmueble que aun se conoce con el sonoro apelativo de Palacio del Vizconde de Los Villares. El edificio respondía al modelo clásico de la casa tradicional de los hidalgos giennenses que acataron la dinastía borbónica. La fachada se disponía a eje con una monumental protada adintelada trabajada con sillares resaltados. Grandes pilastras toscanas sostienen el entablamiento sobre el que se apea el segundo cuerpo. El dintel decorado con bolsores resalta la clave con una rotunda voluta decorada con hojas de acanto. Coronaba la portada un elegante recuadro moldurado rematado con clásico frontón, en cuyo interior lucía orgulloso rodeado de una barroca placa de hojas carnosas el escudo de la casa, con un solo cuartel donde resaltaba la Cruz de Calatrava sobre fondo ajedrezado. Bojó él, en elegante cartela, la data de la obra: AÑO DE 1700. La portada majestuosa y señorial la considera el profesor Galera modelo e iniciadora de una amplia serie muy común en las calles de la capital. Flanqueaban la portada cuatro hermosas rejas -dos por lado- en la planta baja y a eje de ellas cumplidos balcones dieciochescos en la segunda y tercera planta, algo menores los de ésta última. Junto a esta fachada principal, la correspondiente al edificio anexo destinado al servicio de la casa, con amplia puerta -cochera, mirador acristalado y sobre él una graciosa galería porticada de cuatro vanos. Atrás, dominando los tejados, la señorial torre -mirador tan presente en las casas nobles de Jaén, con su cubierta a cuatro aguas, airosa veleta y ventanales de medio punto. La casa era de las más notables de su tiempo. El catastro del Marqués de la Ensenada -año de 1752- la reseña así: “...Don Gabriel de Zeballos y Villalovos, Vizconde de Los Villares posee lascasas de su morada situada en la Calle Hurtado, parroquia de San Ildefonso, compuesta de vivienda alta y baja, portal, accesoria, bodegas con vasos, patio con fuente de remanente, pajar caballerizas y corral. Tiene de frente cuarenta varas y de fondee trece. Merece ganar de alquiler anual, incluso el beneficio de la accesoria, mil ochocientos reales. Confronta por arriba con otra de Catalina de Quesada, vecina de esta ciudad y por bajo con otra del convento de religiosas de Santa Clara de esta ciudad. Está gravada con un censo de cincuenta reales de principal a favor de la fábrica de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Baeza. Sus réditos anuales importan 150 reales...”. Durante muchos años esta casa-palacio fue un referente esencial para la pequeña nobleza del Reino de Jaén y sus salones y dependencias contemplaron las idas y venidas de muchos villariegos que a la casa acudía para cumplimentar, de grado o por fuerza, a su noble señor. Cuando el Vizcondado de Los Villares fue a parar, por extinción de la línea de varón, a D. Miguel Avis Benegas Careaga y Heredia, Marqués de Torrealta en el año de 1854, el inmueble que llevaba tiempo desafecto a la familia, pues los Cereaga-Zeballos estaban avecindados en Granada, la casa fue a manos de un giennense ilustre, D. León Esteban Molino (1846-1921), ilustre letrado, diputado provincial, senador, decano del Colegio de Abogados, Comisario Regio de Fomento y presidente de la Real Sociedad Económica, quien al consolidar su residencia en la capital tras su matrimonio en 1887, promovió una reforma del Palacio, de cuyas líneas directrices se encargó al ilustre militar y arquitecto D. Rafael Sagrista y Aguirre (1860-1915), que en agosto de 1892 remodeló la fachada dejándola con el aspecto con que llegó a nosotros. Tras la guerra civil el edificio, ya muy deteriorado, pasó a ser la sede del organismo benéfico -asistencial conocido por “Auxilio Social” allí tuvo sus oficinas durante muchos años. En 1955 la Comisión Provincial de Monumentos alertó sobre su progresivo deterioro y la necesidad de rehabilitarlo. Abandonado a partir de 1970 se solicitó su demolición por un promotor inmobiliario, oponiéndose a ello la Comisión Provincial del Patrimonio Histórico-Artístico en sesión de 28 de enero de 1980 ante las alegaciones efectuadas por el promotor, la citada Comisión acordó a que se realizaran obras de adecuación respetando íntegramente la fachada. No se aceptó esta solución por lo que en 24 de abril de 1985 se remitió todo el expediente a la Dirección General de Bellas Artes con solicitud de su declaración como Monumento Histórico-Artístico y declaración manifiesta a favor de su posible rehabilitación. El litigio continuó durante algún tiempo sin que desgraciadamente se obtuviera resultado positivo. Y el Palacio fue demolido para construir en su lugar un bloque de once viviendas y aparcamientos. El burdo tratamiento, que para cubrir las apariencias, se hizo de la fachada -de la que se perdió el escudo- puso de manifiesto la sensibilidad de los responsables de la obra, de cuyos nombres es mejor olvidarse. Así, con este prosaico final, el histórico Palacio del Vizconde de Los Villares, cuya imagen afortunadamente conservada en algunos documentos gráficos, forma hoy parte de la memoria histórica de nuestro pueblo.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares