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miércoles, 18 de diciembre de 2013

GALERÍA DE VILLARIEGOS ILUSTRES Pablo Alcalde Higueras (1927-1996) Músico y poeta

Pablo Alcalde Higueras nació en Los Villares el 25 de enero de 1927. Su niñez y adolescencia le vieron trabajar duro en el obrador de panadería que regentaba su padre, iniciándose con uno de sus hermanos en el cultivo de la Música para lo que demostraba singulares aptitudes. Como muchos jóvenes de su tiempo decidió alistarse voluntario en el Ejército para así poder residir en Madrid y tener oportunidad de iniciar sus estudios musicales. En el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid cursó con aprovechamiento estudios de solfeo y violín que culminó en 1947. La necesidad de afrontar su esfuerzo al negocio familiar le obligó a regresar al pueblo, donde creó una popular orquesta llamada “La Villarense”, en la que comenzó a manifestarse su dominio de los instrumentos de cuerda. Tras contraer matrimonio con Mercedes Tirado Fuentes, con la que formó una numerosa familia de ocho vástagos -siete varones y una hembra- las obligaciones familiares le llevaron a la ciudad de Andújar, donde se residenció desde 1955 atendiendo la tahona familiar en la calle Palomar. En Andújar prosiguió con su vocación musical creando un grupo que en principio se denominó “Los Ruiseñores de Sierra Morena” y más tarde “Los Románticos”. Con este grupo realizó innumerables intervenciones tanto en la provincia como en otras capitales españolas consiguiendo numerosos premios y distinciones. Colaboró con el recordado cantautor “José Luis y su guitarra”, e incluso en 1960 grabó con la casa Hispavox un disco de melodías en honor de la Virgen de la Cabeza que llegó a ser muy popular. En 1965 creó la rondalla “San Eufrasio”, un excelente conjunto de cuerda que llegó a contarcon más de un centenar de miembros y que hizo indispensable en los actos culturales que se celebraban en la comarca de Andújar. Sus dotes personales le granjearon múltiples afectos, al extremo que en 1992 el Ayuntamiento de Andújar le nombró Hijo Adoptivo de la ciudad. También mereció el título de “Romero de Honor” por su colaboración en la tradicional romería al Cabezo. Y en noviembre de 1996 el Colegio Público San Bartolomé le entregó el título de “Maestro Honorario” en reconocimiento a la generosa labor docente que ejerció durante años acercando a los niños al mundo de la música. Inspirado poeta publicó dos poemarios: “La poesía de Pablo Alcalde” (1982) y “Junco en vuelo” (1992). Una larga y cruel enfermedad truncó su entusiasta labor, falleciendo en Andújar en 15 de diciembre de 1996. Por entonces preparaba un tercer poemario que iba a titular “Acarela de amor”. Su pérdida tuvo amplios ecos en el mundo cultural iliturgitano y el ayuntamiento acordó dar su nombre, en enero de 1997, a una calle de la ciudad que él hizo su tierra adoptiva. Una recopilación de la obra de este ilustre villariego, tanto como musical, nos daría, sin duda, la exacta valoración de un paisano digno de permanente recuerdo.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Manuel López Pérez
Cronista Oficial de Los Villares

NUESTRA INDUSTRIA Confitería Díaz

En esta ocasión nuestra revista presenta una empresa familiar de gran arraigo en nuestro pueblo, se trata de “Confitería Díaz”. Dedicada a la fabricación de dulces tradicionales y artesanales, repostería y croisantería, Confitería Díaz guarda y mantiene las recetas y costumbres de cuatro generaciones de confiteros cuyos orígenes arrancan del bisabuelo José Díaz Martos y su esposa Dolores Molina, que fueron quienes introdujeron la Confitería en Los Villares. Éste, de oficio “albardonero”, se trasladó un buen día, a finales del siglo XIX, a la vecina localidad de Fuensanta para aprender del Confitero de este pueblo las bizcotelas y otros dulces que allí se elaboraban; a cambio él le enseñó su oficio de albardonero. Es así como de esta forma tan peculiar se introduce en Los Villares el ofico de confitero. Posteriomente, éste actuaría como maestro de confiteros en pueblos como Albanchez, Bedmar y Jódar, famosos por su especialidad en bizcotelas. En las dos primeras generaciones, junto a la eleboración de dulces, fabricaban también de forma artesanal licores como el coñac, la ginebra, el ron, aguardiente y el célebreresol. La primera ubicación de la Confitería estuvo en la Calle Jardín, no5 y se la conocía con el nombre de “Confitería La Perla”, posteriomente y por poco tiempo se situó en la Calle Antonio Molina, no8, casa que en la actualidad ocupa el Bar Dioni, de ahí se trasladó a la Calle La Tercia no10, donde fue regentada por los abuelos Pedro Díaz Molina y Teresa Romero Cárdenas. En 1970, tras volver a Los Villares, Abelardo Díaz recupera el oficio de sus padres y se establece en la Calle Arroyo no17, en la que actualmente se encuentra. En la actualidad los principales productos que elabora son: las bizcotelas, las patas de cabra, las magdalenas, tartas, merengues y croisanes. La materia prima que utilizan para su elaboración suele ser el almidón de trigo, las harinas candeales, azúcar, huevos, aceite de oliva y limones; todo ello elaborado con recetas sacadas de un manuscrito de principios de siglo pasado y que se conserva en poder de los propietarios. La maquinaria que utiliza la Confitería es una amasadora, una batidora, un mortero de piedra, el molino de azúcar, distintos tipos de cazos y hornos eléctricos. Si miramos al futuro, la empresa tiene garantizada su continuidad pues sus hijos Abelardo y Tere ya forman parte de la misma y están introduciendo la croisantería. Así mismo están pendientes de recibir el permiso de apertura de un Obrador en la Calle La Tercia. Desde nuestra Revista deseamos que la tradición artesanal de esta Confitería se mantenga viva durante muchos años y que nuestras nuevas generaciones sigan recibiendo el preciado obsquio material y tradicional de las bizcotelas.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Lidia Cañadas
Mª Elena Gutiérrez

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle La Guardia

Del estudio de las calles de Los Villares, que venimos llevando a cabo ennuestra revista, hoy toca sacar a la luz la calle de La Guardia, una de las más antiguas de nuestro pueblo, que si bien no estaba en el trazado del plano fundacional de Juan de Reolid, si aparece ya en el censo de 1735 lo que nos indica que fue una de las primeras ampliaciones del plano urbano de Los Villares. Con sus 350 metros de longitud y sus 5 metros de anchura, nace en la calle Moraleda Alta y acaba en el puente sobre el río Frío, popularmente conocido como “el puente del río Cantón”, donde comienza la calle Ladera, llamada así por su pronunciada pendiente. Es su primer tramo de ligera pendiente hasta el llamado patinillo, donde en la antigüedad hubo uno de los muchos pilares distribuidos por el pueblo, y frente a él existe el portillo que da entrada a las huertas existentes junto al río. Desde ahí, su trazado es llano e irregular, hasta el puente sobre el río, donde finaliza la calle. Este puente fue inaugurado durante las fiestas del Rosario del año 1924 por D. Juan Tuñón Garrido, alcalde de la localidad, siendo bendecido por el párroco D. Francisco Ortega Espejo. Antes de que se contruyera el puente la comunicación con la calle Ladera, era a través de unas piedras, conocidas popularmente como “coladeras”, sobre el río lo que dificultaba su tránsito cuando venía crecido. Hasta la década de los sesenta esta zona del río era utilizada como lavadero por las mujeres de las calles limítrofes y era frecuente ver ropas tendidas en los matorrales que había junto al río. Su nombre de calle de La Guardia, le viene de que su trazado se hizo sobre la Cañada Real que iba de Martos a La Guardia, conocido como el camino de La Guardia, siendo éste el único nombre que ha tenido hasta hoy. Es ésta una calle tranquila y de poco tráfico y en la antigüedad por su carácter de extrarradio existían en ella varias cabrerizas, siendo común en estas viviendas la existencia de “escotillones” en el suelo de la planta baja para facilitar el paso del ganado a los sótanos de las mismas, utilizados como corrales. Un personaje de esta calle, que vivió al final de la misma, en la conocida “lonjilla” fue Juan Antonio Cañadas, persona que carecía de ambas piernas y era muy popular entre los chiquillos por el kiosco de chucherías que tenía en la plaza del Ayuntamiento.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Mª Ángeles
Cabrera Irene Pérez

ESTAMPAS CON HISTORIA El perdido Palacio Jaenes de los Vizcondes de Los Villares

Dadas las estrechas vinculaciones que tuvo con nuestro pueblo, queremos ofrecer aquí una evocadora visión de uno de los edificios más notables del patrimonio histórico -artístico de la capital, lamentablemente- artístico de la capital, lamentablemente perdido: el Palacio de los Vizcondes de Los Villares. Aunque la casa solar de la hidalga familia de los Ceballos estuvo -y afortunadamente está- sita en la Carrera de Jesús, junto al convento carmelitano de Las Descalzas, cuando D. Francisco de Zeballos Villegas Sainz y Solórzano (1655-1709) recibe por merced de Felipe V otorgada en 15 de septiembre de 1707 y ratificada en 2 de mayo del año siguiente el Cizcondado de Los Villares, la familia comenzó a habitar un edificio de mayor amplitud y prestacia representativa situado al inicio de la calle Hurtado, inmueble que aun se conoce con el sonoro apelativo de Palacio del Vizconde de Los Villares. El edificio respondía al modelo clásico de la casa tradicional de los hidalgos giennenses que acataron la dinastía borbónica. La fachada se disponía a eje con una monumental protada adintelada trabajada con sillares resaltados. Grandes pilastras toscanas sostienen el entablamiento sobre el que se apea el segundo cuerpo. El dintel decorado con bolsores resalta la clave con una rotunda voluta decorada con hojas de acanto. Coronaba la portada un elegante recuadro moldurado rematado con clásico frontón, en cuyo interior lucía orgulloso rodeado de una barroca placa de hojas carnosas el escudo de la casa, con un solo cuartel donde resaltaba la Cruz de Calatrava sobre fondo ajedrezado. Bojó él, en elegante cartela, la data de la obra: AÑO DE 1700. La portada majestuosa y señorial la considera el profesor Galera modelo e iniciadora de una amplia serie muy común en las calles de la capital. Flanqueaban la portada cuatro hermosas rejas -dos por lado- en la planta baja y a eje de ellas cumplidos balcones dieciochescos en la segunda y tercera planta, algo menores los de ésta última. Junto a esta fachada principal, la correspondiente al edificio anexo destinado al servicio de la casa, con amplia puerta -cochera, mirador acristalado y sobre él una graciosa galería porticada de cuatro vanos. Atrás, dominando los tejados, la señorial torre -mirador tan presente en las casas nobles de Jaén, con su cubierta a cuatro aguas, airosa veleta y ventanales de medio punto. La casa era de las más notables de su tiempo. El catastro del Marqués de la Ensenada -año de 1752- la reseña así: “...Don Gabriel de Zeballos y Villalovos, Vizconde de Los Villares posee lascasas de su morada situada en la Calle Hurtado, parroquia de San Ildefonso, compuesta de vivienda alta y baja, portal, accesoria, bodegas con vasos, patio con fuente de remanente, pajar caballerizas y corral. Tiene de frente cuarenta varas y de fondee trece. Merece ganar de alquiler anual, incluso el beneficio de la accesoria, mil ochocientos reales. Confronta por arriba con otra de Catalina de Quesada, vecina de esta ciudad y por bajo con otra del convento de religiosas de Santa Clara de esta ciudad. Está gravada con un censo de cincuenta reales de principal a favor de la fábrica de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Baeza. Sus réditos anuales importan 150 reales...”. Durante muchos años esta casa-palacio fue un referente esencial para la pequeña nobleza del Reino de Jaén y sus salones y dependencias contemplaron las idas y venidas de muchos villariegos que a la casa acudía para cumplimentar, de grado o por fuerza, a su noble señor. Cuando el Vizcondado de Los Villares fue a parar, por extinción de la línea de varón, a D. Miguel Avis Benegas Careaga y Heredia, Marqués de Torrealta en el año de 1854, el inmueble que llevaba tiempo desafecto a la familia, pues los Cereaga-Zeballos estaban avecindados en Granada, la casa fue a manos de un giennense ilustre, D. León Esteban Molino (1846-1921), ilustre letrado, diputado provincial, senador, decano del Colegio de Abogados, Comisario Regio de Fomento y presidente de la Real Sociedad Económica, quien al consolidar su residencia en la capital tras su matrimonio en 1887, promovió una reforma del Palacio, de cuyas líneas directrices se encargó al ilustre militar y arquitecto D. Rafael Sagrista y Aguirre (1860-1915), que en agosto de 1892 remodeló la fachada dejándola con el aspecto con que llegó a nosotros. Tras la guerra civil el edificio, ya muy deteriorado, pasó a ser la sede del organismo benéfico -asistencial conocido por “Auxilio Social” allí tuvo sus oficinas durante muchos años. En 1955 la Comisión Provincial de Monumentos alertó sobre su progresivo deterioro y la necesidad de rehabilitarlo. Abandonado a partir de 1970 se solicitó su demolición por un promotor inmobiliario, oponiéndose a ello la Comisión Provincial del Patrimonio Histórico-Artístico en sesión de 28 de enero de 1980 ante las alegaciones efectuadas por el promotor, la citada Comisión acordó a que se realizaran obras de adecuación respetando íntegramente la fachada. No se aceptó esta solución por lo que en 24 de abril de 1985 se remitió todo el expediente a la Dirección General de Bellas Artes con solicitud de su declaración como Monumento Histórico-Artístico y declaración manifiesta a favor de su posible rehabilitación. El litigio continuó durante algún tiempo sin que desgraciadamente se obtuviera resultado positivo. Y el Palacio fue demolido para construir en su lugar un bloque de once viviendas y aparcamientos. El burdo tratamiento, que para cubrir las apariencias, se hizo de la fachada -de la que se perdió el escudo- puso de manifiesto la sensibilidad de los responsables de la obra, de cuyos nombres es mejor olvidarse. Así, con este prosaico final, el histórico Palacio del Vizconde de Los Villares, cuya imagen afortunadamente conservada en algunos documentos gráficos, forma hoy parte de la memoria histórica de nuestro pueblo.


Nº20
Curso 01/02
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

martes, 17 de diciembre de 2013

NUESTRA INDUSTRIA Materiales de construcción Gutiérrez Medina S.L.

Hoy visitamos la empresa Gutiérrez Medina S.L., una empresa de carácter famliar cuyos propietarios son los hermanos Manuel, Teófilo, José, Ángel, Juan, Antonio y Francisco Gutiérrez Medina. De ellos Manuel, el hermano mayor, ocupa la Gerencia de la misma. Esta empresa integrada en el sector de la construcción, se dedica a la venta de materiales de construcción y decoración, la fabricación de objetos de hormigón y al movimiento de tierras. La empresa Gutiérrez Medina S.L. dispone en la actualidad de 10000 m2 dedicados a exposiciones, oficinas, almacén, dos naves y terreno para el acopio de áridos, ladrillos, vigas y otros. También dispone de camiones, carretillas, retropalas, dumpers, auto-hormigonera y una pluma; todo esto para atender lo mejor posible a la clientela que se encuentra principalmente en Los Villares y pueblos limítrofes, especialemente Jaén y Martos. Sus orígenes se remontan al año 1837, según lápida encontrada en la misma y estaba dedicada a tejar y alfarería. En el censo de 1857 ya aparecen como propietarios la familia Gutiérrez, familia muy vinculada en nuestro pueblo a la fabricación de tejas y ladrillos. La actual empresa se funda en el año 1937 con Arsenio Gutiérrez y se dedicaba preferentemente a la alfarería. En aquel entonces la arcilla se traía con bestias, en serones de pleita a Los Villares. Después era trasladada a una alberca en la cual el barro era colado para quitarle las chinas y dejarlo preparado para trabajarlo. En los años 50 la empresa pasó de Arsenio Gutiérrez a su hijo Teófilo, padre de los actuales propietarios. Él inició el cambio de la empresa ampliándola con un almacén dedicado a la venta de materiales de construcción. Es en el año 1991 cuando se constituye la actual sociedad, formando parte de ella los siete hermanos Gutiérrez Medina, siendo ésta la década de mayor desarrollo de la misma. El futuro de la empresa pasa por el traslado de la misma, desde la calle Vadillo, 32 donde siempre ha estadoubicada, al polígono industrial de los Barreros, donde cuentan con unos 12000 m2 para su instalación y ampliar su actividad como empresa constructora. Los hermanos Gutiérrez Medina, aprovechan la oportunidad que le brinda la revista “La Fuente” para rendir un caluroso homenaje a la labor de su padre que en esos años tan difíciles supo sacar adelante tanto a sus 8 hijos como a la empresa que hoy es ejemplo entre las de nuestra localidad.


Nº18-19
Curso 01/02
segundo trimestre
Raquel M. Herrero Hahn 
Macarena Gutiérrez Gallardo

NUESTRO PASADO Ordenanzas de los molinos aceiteros

Desde el último tercio del siglo XVIII en Los Villares, como en el resto de la provincia de Jaén, el olivar comenzó a experimentar un imparable crecimiento y en consecuencia empezaron a proliferar los molinos aceiteros. En 1754 sólo había tres molinos: uno dentro del pueblo, propio de D. Manuel Campos, otro en la Casería de las Monjas de Santa Úrsula y un tercero en La Cobatilla, propiedad de D. José Vecinos. Eran molinos de escasa producción, cuya utilidad anual se cifraba sólo en ciento sesenta y cinco realies de vellón. Al aumentar las plantaciones de olivar fueron apareciendo nuevos molinos. En su mayoría eran de modelo denominado “de vida”. Exigían una labor lenta y fatigosa de la que se ocupaban algunos mozos o “cagarranches” dirigidos por un “maestro molino”. Estos maestros se contrataban por temporada y solían venir desde la Serranía de Cuenca, de ahí que se les denominase “serranos” o “serranicos”. Eran gentes laboriosas y formales. Algunos encontraron tantos afectos en el pueblo, que echaron raíces y se avecindaron en él. Al aumentar el número de molinos, se hizo preciso que por parte del Ayuntamiento se dictaran unas normas mínimas que regularan su actividad y controlasen el personal. Es así como hacen en Los Villares las Ordenanzas de Molienda. Las dictaba cada año, al comenzar la campaña, el Ayuntamiento reunido en sesión plenaria. De tales ordenanzas se escribían varios ejemplares. Uno se conservaba en el Ayuntamiento, una vez que era divulgado por las calles por el “voz pública” o pregonero. Otro se fijaba en un sitio transitado, generalmente en La Fuente. Y además, en la entrada de cada molino se fijaba un ejemplar, que debía estar bien a la vista durante toda la campaña de molienda, para que nadie pudiera alegar ignorancia. De las ordenanzas conservadas hemos escogido una de ellas, que puede servirnos de ejemplo. Se trata de la dictada para la campaña aceitunera del año 1916. En esta ocasión, reunidos en la sala capitular del Ayuntamiento los señores D. Pedro de Alcalde y D. Juan Lucas Higueras, alcaldes ordinarios; los regidores Basilio Parra y Andrés García; el síndaco procurador general Antonio Araque; el síndaco del Común, Juan Martín Herrador y los diputados, antiguo y moderno, Carlos del Alcalde y Juan Siles Herrador, llegaron a la conclusión de que “...para el mejor acierto en el gobierno de esta villa, era necesario poner remedio a los diferentes males que se advierten en los molinos de aceite de este término y el ningún método que se observa en ellos...” y que para regularizar su actividad, urgía dictar algunas reglas, que luego de larga y meditada reflexión fijaron de esta manera: “...1ª.- Cada tarea de dos hombres y una caballería se compondrá de doce molinadas de a doce celemines cada una y estando de doble jornada harán veinticuatro. Por cada molinada exigirán cuatro reales de vellón y no más. ...2ª.- Los molinos estarán cerrados llegada la noche hasta el día y en ellos no se despachará aceite, orujo, ni cosa alguna en dichas horas, aún cuando se pretexte necesidad de ello. ...3ª.- En ninguno de los molinos se entregará aceite alguno sin una licencia por escrito del señor alcalde primero. Estas licencias las conservarán los maestros y de quince en quince días las presentarán, con el libro, a dicho señor alcalde. ...4ª.- Todas las molinadas las llevarán sentadas los maestros en el libro que tienen al intento, con expresión del día de la molienda y el nombre del dueño de la aceituna. ...5ª.- Cuidarán los maestros que a la molinada se le de en la molienda las vueltas de estilo para que quede bien molida la aceituna, el agua que se eche hirviendo a la masa yque tanto en las heces como en lo demás se observe la mayor economía posible, así como el aseo y limpieza correspondiente. ...6ª.- La persona que faltase a cualquiera de las reglas establecidas, sufrirá por primera vez tres ducados de multa aplicados al Juez Denunciador y Penas de Cámara. ...7ª.- Espera esta Real Justicia que los maestros de molino se prestarán gustosos a observar dichas reglas, pues lejos de perjudicarles les pone a cubierto de las hablillas y murmuraciones que son consiguientes en tales oficios...”. Estas Ordenanzas, dictadas el 7 de enero de 1916, se fijaron en los seis molinos aceiteros existentes en Los Villares. La seriedad y honradez profesional de los “serranicos” debieron ser garantía suficiente para su exacto cumplimiento, pues no es frecuente encontrar denuncias ni multas por su vulneración. Con muy ligeras variaciones, estuvieron en vigor hasta mediados del siglo XIX, en que al aumentar la producción aceitera y la complejidad técnica de los sistemas de extracción de aceites, fue preciso adecuar la normativa a la legislación labora y fiscal aplicable a toda la provincia. Con esta curiosa reglamentación bien podemos formarnos una idea de los usos y costumbres que determinaban la vida cotidiana de nuestros antepasados y los parámetros, sencillos y elementales por los que entonces se regía la escasa actividad industrial de Los Villares.


Nº18-19
Curso 01/02
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares

LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle Hornos

En el recuerdo de las antiguas calles de nuestro pueblo hoy nos vamos a detener en la calle Hornos, llamada así precisamente porque en la antigüedad había tres hornos de pan de los cuales en la actualidad queda uno, el regentado por los hermanos Parra. Uno de los hornos desaparecidos perteneció a la familia de Juan José Alcalde e Inocencia, padres de nuestro ilustre paisano D. Pablo Alcalde, poeta y compositor afincado en Andújar y autor del Cancionero a la Virgen de la Cabeza y de libros poéticos como el titulado “Junco en vuelo”. Es ésta una calle corta, de unos cincuenta metros de longitud y sin salida, por lo que en general no tiene tráfico. Nace en la calle Arroyo y por su céntrico emplazamiento, siempre ha sido una calle de gran actividad industrial y comercial. En el censo de 1857 ya aparece en ella un horno municipal y haciendo esquina el edificio del Pósito Nacional, de ahí su primitivo nombre de calle del Pósito, nombre que mantiene hasta finales del siglo XIX en que pasa a denominarse calle de los Hornos. Haciendo esquina con la calle Arroyo, en la acera derecha, existió hasta el año 1958, aproximadamente, el molino de aceite de D. Manuel Campos, devoto del Nazareno y que donó la actual imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno que se venera en nuestra Parroquia y que es talla del famoso escultor Santisteban del Puerto, Jacinto Higueras. A continuación del molino estaba la bodega de otro molino aceitero, propiedad de la familia Cabrera, con entrada principal por la calle Moraleda Baja; molino matriz y germen de las actuales cooperativas de aceite. En el número 1 existió desde antiguo la pescadería de Juan Pedro Mena, conocido popularmente como Cristalino y que pregonaba por el pueblo, como nadie, el pescado. En la actualidad transformada en frutería que regentan su hija y nietas. Otro personaje popular de esta calle fue Emilio Gallardo Hidalgo, que en el número 15 ejeció su oficio de hojalatero, siendo una persona de gran cultura popular y que gustaba de recopilar los dichos y refranes de nuestro pueblo. En el número 13 existió la heladería y fábrica de hielo de José Alcalde, y posteriomente una carpintería, propiedad de sus hijos. Sin duda una calle pequeña pero cargada de historia y vida de nuestro pueblo.


Nº18-19
Curso 01/02
segundo trimestre
Mª Eugenia Marín 
Mª Ángeles Araque

EL ARCHIVO HISTÓRICO DE LOS VILLARES

Un archivo crece de manera natural como memoria de la institución que lo genera, de ello radica el interés que se pueda tener en él para el conocimiento y estudio del pasado. Durante un largo periodo de tiempo, a cuantos se han interesado por el Archivo Histórico de Los Villares, se les decía que no existía (tal vez debido a la poca importancia que se le daba al acumulo de papeles “viejos”) y, tras algunas insistencias, se añadía que se encontraba almacenado en diversas estancias del Ayuntamiento debido a la reforma de la casa Consistorial. Tras dicha reforma, el Archivo Histórico se ubicó en lo que era la cárcel casi en su totalidad con la intención de que sea su estancia definitiva. Esta situación se superó cuando el cronista oficial de Los Villares D. Manuel López Pérez, Teresa López Aranda y Estrella Molina Delgado comenzaron a estudiar el archivo, gracias a la ayuda económica dada por la Caja Sur y el Ayuntamiento y con motivo de los actos del IV Centenario de la Emancipación de Los Villares. Dentro de estos actos, el año pasado una primera aproximación al archivo con el fin de ver con qué tipo de documentos se contaban y cuál era el estado de los mismos, produciéndose una grata sorpresa al comprobar la relativa abundancia (no se conocen los que se generaron) de los mismos y un estado de conservación satisfactorio, pese al tiempo trascurrido y el camino recorrido, puesto que hasta la fecha no estaban ubicados en un lugar concreto. Lo primero que se hizo fue ver con lo que se contaba a la vez que se reunían todos los documentos que aún se encontraban dispersos por diversas estancias, para ordenar y clasificar los legajos. A continuación ya se pudo comprobar los legajos que habían superado el paso del tiempo y cual era su cronología la cual se remontaba al siglo XVII. Lamentablemente lo que no se ha podido lograr son cronologías completas por el vacío de documentación existente en algunos años. De entre todos los fondos hay que destacar las Actas Capitulares, cuya importancia radica en que en ellas se refleja la vida diaria de la Casa Consistorial y, en consecuencia, la del pueblo a lo largo del tiempo pese a la falta de algunos años que, en parte, se pueden suplir con otros fondos. Estas Actas se remontan hasta 1614, poco después de la Emancipación de la villa. Además, en el archivo también se encuentran documentos relacionados con los asuntos de propios, del posito, instrucción pública, quintas, alcabalas, órdenes,... como también diversos tipos de padrones de diversos tipos con un arco cronológico muy amplio importantes para el estudio social y geográfico de Los Villares, Reales Células, asuntos relacionados con la Guerra de la Independencia, inventarios del archivo que nos ayudan a saber lo que había y se ha perdido, etc. Dentro de estas series sehan encontrado documentos de cierto interés porque, en algunos casos, se creían perdidos o, en otros casos, contienen mucha información a cerca de cuestiones de la villa. Dentro de estos documentos he de destacar la Marcha a Nuestra Señora del Rosario y el pasodoble “Viva Los Villares” compuestos por D. Lázaro Rueda y que, como fruto de los trabajos realizados en el archivo, se puede escuchar durante las Fiestas de la Virgen del Rosario. Por todo lo expuesto anteriormente, es importante que la labor que ha realizado no quedara solo ahí y que se produzca un interés por conocer y difundir los fondos del archivo. Por ello y, con este fin, se espera continuar con la labor comenzada porque las funciones de un archivo van unidas a los objetivos de recoger documentos, conservar estos documentos y servir de difusión de la información que en ellos hay.


Nº18-19
Curso 01/02
segundo trimestre
Estrella Molina Delgado
Licenciada en Humanidades

ESTAMPAS CON HISTORIA El cuartel que no llegó

Como en todos los pueblos españoles, en la historia contemporánea de Los Villares el Cuerpo de la Guardia Civil tiene un permanente protagonismo. Desde que en los últimos meses de 1844 las fuerzas del 7º Tercio comenzaron a desplegarse por la provincia y se organizó la Comandancia de Jaén, Los Villares fue un punto señalado en el despliegue orgánico de los efectivos. Su específica situación geográfica, su riqueza agro-ganadera y la abundancia de parajes de sierra, determinaron la pronta instalación de un puesto de la Guardia Civil, que en los últimos años del siglo XIX incluso llegó a tener categoría de Cabecera de Línea, dependiente de la 2ª Compañía instalada en la ciudad de Martos. La Línea estaba al mando de un segundo teniente -alférez- y de ella dependían los puestos de Valdepeñas y Jaén. Circunstancia curiosa, que de la Línea de Los Villares dependiese el puesto de Jaén, ubicado precisamente en la cabecera de la Comandancia. En 1891, la Línea de Los Villares estaba mandada por el Segundo Teniente D. Ricardo Alcaine y Viñado y el Puesto por el cabo D. Juan Moya Flores. Tenía una dotación de seis nombres. La presencia de la Guardia Civil en el pueblo siempre estuvo muy condicionada por la necesaria dotación de una Casa Cuartel, elemento que según los reglamentos del Cuerpo se consideraba básico para su servicio. Durante muchos años el Ayuntamiento asumió esta necesidad logística, alquilando casa capaz para la instalación del puesto. Pero dada la escasez de fondos, nunca pudo contarse con un edificio digno y adecuado para las necesidades del peculiar servicio y organización de la Guardia Civil. Las sucesivas reorganizaciones experimentadas por al Benemérita en los años 1919 y 1920, que trajeron como consecuencia inmediata un aumento de los efectivos destinados en la provincia, e incluso la fijación en la capital de la cabecera del 23 Tercio, ofreció la posibilidad de incrementar la dotación del Puesto de Los Villares. Pero para ello era imprescindible que el Ayuntamiento facilitara una amplia Casa-Cuartel. Fue entonces, cuando el Ayuntamiento de Los Villares decidió levantar una Casa- Cuartel aprovechando el amplio solar de propiedad municipal ubicado en la esquina de la Calle Borbote y Calle del Arroyo. El solar era amplio (300 metros cuadrados). Presentaba una línea de fachada a la Calle del Arroyo suficiente para situar en ella la entrada al Cuartel. La edificación se disponía en dos plantas. En la planta baja se ubicaba la Sala de Armas, calabozo, cuerpo de guardia, patio, cuadra y dos pabellones. En la planta alta se instalaban tres pabellones. En ambas, se habilitaban, según dictaban las necesidades, algunosdormitorios para solteros. El conjunto resultaría un edificio digno, suficiente, luminoso y ventilado, que liberaría al Ayuntamiento de una preocupación. Examinado el anteproyecto por el Coronel Subinspector del 23º Tercio D. Dionisio Palacios Montoya, se dio conformidad para que empezasen las obras. Mas surgieron los habituales inconvenientes económicos. Las obras de la Casa- Cuartel se dilataron..., el 23º Tercio dejó de tener cabecera en Jaén... Y el cuartel no se construyó. Quedó de todo ello un curioso testimonio documental, que es el que ofrecemos en estas páginas como apunte de una historia que algún día habrá de escribirse para dejar constancia de la vinculación que siempre hubo entre Los Villares y la Guardia Civil.


Nº18-19
Curso 01/02
segundo trimestre
Manuel López Pérez 
Cronista Oficial de Los Villares