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lunes, 16 de diciembre de 2013
LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Plaza de Fernando Feijoo
Hemos de remonarnos a princpios del s. XVI, con la aparición de Los Villares
como núcleo urbano para buscar los orígenes de la plaza Fernando Feijoo. La
nueva población cuyos planos fueron realizados por Juan de Reolid, consistiría
en una plaza principal y seis calles que flanqueaban esta plaza, con Casa del
Concejo (Ayuntamiento) e Iglesia Parroquial. En esta plaza, por cierto más
amplia que la que tenemos ahora, pues llegaba hasta la Casa Grande,
destacaban los tres edificios más importantes, la Iglesia, el Ayuntamiento y la
Casa Palacio del Vizconde de Los Villares. A principios del s. XIX con la
edificación de una manzana de viviendas, la plaza quedó reducida a lo que es
ahora quedando fuera de la misma la Casa Grande. En la plaza de Fernando
Feijoo destaca la Iglesia Parroquial bajo advocación de San Juan Bautista
(principios del s. XVII) y el Ayuntamiento (finales s. XVI) con fachada de piedra
que denota la nobleza de ambos edificios. El nombre más antiguo del que
tenemos conocimiento es el de plaza de Isabel II, en marzo de 1929 tomó el
nombre de plaza de la Constitución y es en agosto de 1931 cuando toma su
nombre actual de plaza de Fernando Feijoo. El origen apolítico de este nombre
ha dado lugar a que tanto en 1939 y 1984, en que hubo cambios de nombres
de nuestro callejero, mantuviera su actual nombre. ¿Quién fue Fernando Feijoo?
D. Fernando Feijoo fue un destacado abogado de Martos con bufete en Madrid
que representó a nuestro Ayuntamiento en el contencioso del agua que
mantenía con el Ayuntamiento de Jaén, contencioso que llega hasta 1943 en
que el Tribunal Supremo dicta sentencia favorable a favor de los regantes de
Los Villares frente a las pretensiones del Ayuntamiento de Jaén. Por su labor
desarrollada el Ayuntamiento de Los Villares el 21 de marzo de 1929 daría el
nombre de Fernando Feijoo a la actual calle del Arroyo y posteriormente el 3 de
agosto de 1931 traslada el nombre de Fernando Feijoo a la plaza del pueblo,
por entonces llamada plaza de la Constitución.
NUESTRA INDUSTRIA Artesanía Parras
Si por algo destaca nuestro pueblo fuera de nuestra provincia y de nuestras
fronteras, es por la calidad de su artesanía de la mimbre. Actividad que se
inicia hacia 1890, utilizando la retama como materia prima para la elaboración
de bomboneras, cestas para regalos y otros que posteriormente se amplía a la
mimbre y otras fibras vegetales.
Hoy traemos a nuestras páginas a una de las empresas artesanas pioneras de
la artesanía de nuestro pueblo y que se ha destacado por estar siempre en
vanguardia en cuanto a novedades y creatividad. Hablamos de Artesanía
Parras. Ubicada inicialmente en la calle Molino, en la década de los setenta
(época de mayor auge de nuestra artesanía) se desplazó a su actual
emplazamiento en la Avenida de Andalucía. Su actual propietario y
Administrador General, D. Antonio Parras Peña, lleva dedicado a la artesanía
desde los 17 años en que coge el testigo que le entrega su padre D. Antonio
Parras Cabrera (fundador de la industria) y crea en los años sesenta la actual
empresa. Dedicada a la realización de artículos de cestería y decoración, las
principales producciones son: cestas navideñas, roperos de baño, paragüeros,
baúles, biombos, cestas para floristería, muebles de junco y mimbre e infinidad
de artículos decorativos que son vendidos en toda España, Europa, Japón,Estados Unidos y Arabia Saudí. Las materias primas que utilizan son: mimbre
(de la zona de Cuenca), manila y junco (de Indonesia), enea (de Sevilla), y
otras fibras vegetales como alacema, retama, tomillo y el olivo, que dan
nuestros propios campos. Con la única utilización de las tijeras, navaja y un
recipiente en que humedecer las fibras vegetales, los artesanos de la empresa
elaboran multitud de objetos decorativos de alta calidad. Artesanía Parras
participa anualmente en las ferias de Intergift (Madrid) y Expo-Hogar
(Barcelona) y en Macef (Milán). El único percante sufrido por la empresa
sucedió en junio de 1984 cuando se incendiaron dos camiones que por suerte
aún no estaban cargados y la pronta intervención del vecindario evitó lo que
pudo ser una catástrofe, por las toneladas de mimbre almacenadas. Sobre el
futuro inmediato de la artesanía nos comenta que es poco prometedor debido
a la competencia de los países asiáticos, pero que a más largo plazo cuando
éstos eleven su nivel de vida, la competencia bajará debido a que ellos tienen
más lejano el mercado y el coste del transporte es superior. Desde estas
páginas agradecemos la cordial atención que nos ha prestado para llevar a
nuestros lectores información sobre la artesanía en nuestro pueblo.
Nª9
Curso 97/98
Álvaro Pérez y Ana Ruíz
NUESTRA POBLACIÓN 1920
En esta ocasión vamos a hacer un estudio de la población de nuestro pueblo en
1920. Por aquel entonces, la población de Los Villares estaba muy dispersa. La
agrupamos en tres bloques para su estudio: 1-. Cortijadas o casas de labor. 2-.
Las casas diseminadas de los alrededores. 3-. El núcleo de población.
Los Villares estaba formado por diez cortijadas y la villa de Los Villares. Pero
además tenía grupos inferiores, inhabitables y edificios diseminados por los
alrededores.
1-. Las cortijadas eran:
– Los Buenos, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contaban 22 habitantes.
– La Cobatilla, casas de labor a 9000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Dos de ellos estaban habitados y los cuatro restantes estaban deshabitados accidentalmente. Tenía un total de 8 habitantes.
– Córdoba, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía seis edificios dedos plantas cada uno y todos estaban habitados. Había 23 habitantes.
– Don Juan, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Tenía 18 habitantes.
– Las Higueras, casas de labor a 7400 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 33 habitantes.
– Los Petrolos Altos, casas de labor a 10700 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contabilizaban 29 habitantes.
– Los Petrolos Bajos, casas de labor a 10400 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Cinco de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Contaba con 13 habitantes.
– Los Poyos, casas de labor a 10800 metros del pueblo. Tenía 8 edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 29 habitantes.
– La Teja, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Se contabilizaban 15 habitantes.
2-. Las casas diseminadas de los alrededores estaban a unos 500 metros del pueblo. Había 157 edificaciones de las cuales 59 eran de una planta y 98 de dos plantas. Había 93 habitadas y 64 sin habitar.
3-. El pueblo tenía un total de 841 viviendas, de las cuales 57 eran de una planta, 349 de dos plantas y 435 de tres o más plantas. Sólo 14 viviendas estaban deshabitadas. Entre el pueblo y las casas diseminadas se contabilizaban un total de 3436 habitantes.
1-. Las cortijadas eran:
– Los Buenos, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contaban 22 habitantes.
– La Cobatilla, casas de labor a 9000 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Dos de ellos estaban habitados y los cuatro restantes estaban deshabitados accidentalmente. Tenía un total de 8 habitantes.
– Córdoba, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía seis edificios dedos plantas cada uno y todos estaban habitados. Había 23 habitantes.
– Don Juan, casas de labor a 8000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Tenía 18 habitantes.
– Las Higueras, casas de labor a 7400 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 33 habitantes.
– Los Petrolos Altos, casas de labor a 10700 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Se contabilizaban 29 habitantes.
– Los Petrolos Bajos, casas de labor a 10400 metros del pueblo. Tenía seis edificios de dos plantas cada uno. Cinco de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Contaba con 13 habitantes.
– Los Poyos, casas de labor a 10800 metros del pueblo. Tenía 8 edificios de dos plantas cada uno y todos estaban habitados. Residían 29 habitantes.
– La Teja, casas de labor a 7000 metros del pueblo. Tenía cinco edificios de dos plantas cada uno. Cuatro de ellos estaban habitados y uno sin habitar. Se contabilizaban 15 habitantes.
2-. Las casas diseminadas de los alrededores estaban a unos 500 metros del pueblo. Había 157 edificaciones de las cuales 59 eran de una planta y 98 de dos plantas. Había 93 habitadas y 64 sin habitar.
3-. El pueblo tenía un total de 841 viviendas, de las cuales 57 eran de una planta, 349 de dos plantas y 435 de tres o más plantas. Sólo 14 viviendas estaban deshabitadas. Entre el pueblo y las casas diseminadas se contabilizaban un total de 3436 habitantes.
Nº9
Curso 97/98
Eva Anguita Luque
María Olalla Luque Colmenero
NUESTRO PASADO Tradición oral y escrita en torno a las fiestas del Rosario
Para conocer la identidad de un pueblo hemos de investigar sus raíces,
refiriéndonos con esto a buscar los hechos que han marcado y forman su
historia. Animándoos a los escolares a que busquéis y recojáis las cosas
curiosas que conocen y cuentan nuestros mayores, os voy a resumir algunos
datos significativos y curiosos que hace unos años publiqué en el libro “Los
Villares canta a su Patrona” sobre la tradición oral y escrita existente a cerca de
nuestras Fiestas del Rosario. Para conocer el origen de estas fiestas, hemos de
remontarnos a la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), en la que la
escuadra cristiana, al mando de D. Juan de Austria, derrotó a la flota turca. En
el mundo cristiano esta victoria se atribuyó a la intercesión de la Virgen
invocada por las cofradías del Rosario con oraciones y procesiones. Por eso el
Papa S. Pío V instituyó al año siguiente la fiesta de la Virgen de la Victoria. Un
año después, el Papa lo fechó el primer domingo de octubre. Por último en
tiempo de S. Pío X, fijó su celebración el día 7 de dicho mes. Nuestro pueblo
nacido como entidad a principios del siglo XVI, inserto en las corrientes sociales
y religiosas de la época, toma como Patrona a la Virgen del Rosario y en un
interesante manuscrito conservado hasta nuestros días encontramos que
desde “tiempo inmemorial” existía “una singular, cordial y afectuosa devoción
a esta Virgen”, que dio lugar a que el 3 de abril de 1781 un grupo de vecinos
presentaran y les fueran aprobados por el Obispo de Jaén D. Agustín Rubín de
Zeballos los “Estatutos de la Congregación de soldados marianos del S.S.
Rosario de la villa de Los Villares”. En estos estatutos vemos que para entrar en
la compañía debías ser “persona de buenas costumbres, fama y opinión”, y
descubrimos que el número original de congregados era sólo de 15, en
“reverencia” a los quince misterios del rosario, habiendo otros quince
supernumerarios o pretendientes que ocuparían las vacantes que se fueran
sucediendo. Posiblemente los quince primeros coincidieran con los conocidos
alabarderos y los segundos con los escopeteros. Los cargos existentes eran:
Capitán, Teniente, Alférez, Fiscal, Munidor, Cobrador de cabos de año, multas y
limosnas, Enfermero y Secretario. Se conoce la redacción minuciosa del
formulario de entrada y de las obligaciones y bienes espirituales y temporales
de que gozarían los congregados, todo esto con bastante precisión y exigencia,
cosa llamativa para nuestra sociedad actual, permisiva por excelencia. El
manuscrito conserva asímismo actas de cabildos y resúmenes de cuentas que
llaman nuestra atención, tales como las cuentas de 1905 donde los ingresos dela Cofradía ascendieron a 519 ptas y 25 ctm y los gastos a 503 ptas y 85 ctm,
quedando en “existencias” 15 ptas y 85 ctm; o el acta de 1904 en la que se
habla de la Torata de la Candelaria, que pesó 47 libras y costó la suma de 55
pesetas y 80 céntimos. Tras estos datos sacados de textos escritos, la tradición
oral recoge curiosidades tales como la costumbre que llega hasta 1976 de salir
pidiendo por las calles del pueblo y por los cortijos con un borriquillo,
recibiendo donativos de los vecinos, que eran generalmente de trigo,
realizando las gentes promesas de darl el peso de una persona en grano por
haber recibido una curación o gracia especial de la Virgen. Tambien hasta no
hace muchos años después de los bautizos, las madres presentaban al niño a
la Patrona, cantaban una Salve y dejaban encendida una vela. Luego cuando
los hijos se iban al servicio militar, las madres ponían en su cartera un trocito
de manto de la Virgen, procedente de recortes o arreglos, con el deseo de que
recibieran su protección. Otra tradición muy curiosa que desaparece hacia los
años treinta, es que los turroneros, desde sus casetas, al paso de la procesión,
echaban al aire puñados de almendras, bolicas y caramelos. Conocemos por
boca de nuestros mayores que la imagen de la Patrona fue destruida en la
Guerra Civil (1936) y sustituida posteriormente por la actual, obra del escultor
de Santisteban del Puerto, Jacinto Higueras; conservando de la antigua, el Niño,
la Corona, el Rostrillo y la Media Luna. Recientemente la Imagen ha sido
restaurada en Sevilla por D. Salvador Madroñal, renovándosele gran parte del
ajuar. Volviendo a la tradición oral, sabemos que gran parte de las canciones
que identifican el “Día del Rosario” fueron compuestas a principios de siglo por
nuestros paisanos, Da Ángela Molina Luque, que escribía las letras y D. Juan de
Mata Espejo que componía la música, autores ambos de las Letrillas y el
Ramillete. Estos son sólo algunos detalles de las tradiciones que reflejan la
expresión popular de valores religiosos y las relaciones sociales que han ido
cultivando y transmitiendo los que nos precedieron en el tiempo; y que han ido
formando el tono moral, cultural, afectivo y social que marcan e identifican a
nuestras familias y a nuestro pueblo.
Nº9
Curso 97/98
Inmaculada Alcalde García
NUESTRO PASADO Los Villares en Don Lope de Sosa
En el trabajo de todo estudioso e investigador de la Historia, la Cultura y el Arte
jiennenses, se hace muy a menudo obligada referencia a una publicación, de
difusión provincial sobre todo, que con el tiempo se ha convertido en un clásido
de las bibliotecas y hemerotecas de la provincia. Se trata de la revista Don
Lope de Sosa, cuyo primer número vio la luz el año 1913, y que prolongó su
trayectoria hasta finalizar en 1930 a causa del fallecimiento de su director, el
cronista oficial de la provincia, Alfredo Cazabán Laguna. Hemos de señalar que
hay un intento de continuidad más adelante, cuando en 1944 nace otra revista
de parecidas características llamada Paisaje, que se mantuvo hasta 1966.
Tanto una publicación como otra son fuentes de primera mano en lo referente adatos históricos, artísticos y culturales de nuestra provincia, que los
investigadores empeñados en rescatar del olvido la historia jiennense, deben
conocer y manejar. Es mi deseo aprovechar las páginas que me ofrece el
informativo escolar La Fuente para divulgar entre sus jóvenes lectores las
noticias que sobre nuestro querido pueblo se encuentran en Don Lope de Sosa.
También es verdad que esto hay una intención un tanto subjetiva como es el
procurar que nuestros estudiantes comiencen a curiosear en torno a nuestra
historia y cultura; si a través de estas líneas se consigue que alguno se interese
por ello, daremos por bien empleadas nuestras palabras. La mayor parte de las
noticias aportadas en la revista a cerca de Los Villares nos las ha proporcionado
el villariego, maestro de primera enseñanza, convertido por aquel entonces en
periodista, Eduardo Campos. Este erudito personaje acomete la labor de
explicarnos, entre los años 1919 y 1927, la historia antigua de Los Villares,
realizada desde un punto de vista muy subjetivo, acorde con el momento en
que se escribe, y también, por qué no decirlo, de una forma encantadora,
aunque hoy día algo obsoleta. De esta manera, a través de sus artículos en
diferentes números de la revista, intenta aclararnos, en un alarde de erudición
y conocimiento de los términos científicos y técnicos de la época, el primitivo
poblamiento de Los Villares, sus pueblos aborígenes, su cultura prehistórica y,
sobre todo, el asentamiento “íbero-romano” -como él dice- de Isturgi, sobre el
que escribe en diferentes ocasiones. A propósito de Isturgi, desde un punto de
vista más adecuado a la metodología actual, y para evitar caer en errores que
nos pudieran confundir, deberíamos aclarar que en la antigüedad Isturgi era un
Oppidum (núcleo de población) íbero, fundado posiblemente hacia el siglo V
a.C., que se ubicaba en la zona ribereña del Guadalquivir, cerca de lo que
actualmente es Andújar. Me atrevo a pensar que pudiera ser ese mismo
oppidium cercano a Andújar el que, erróneamente, nuestro paisano, quizá en
un intento de dar una cierta legitimación histórica a nuestro pueblo, destaca
entre los varios asentamientos “ibero-romanos” que él supone existentes en la
zona villariega, produciendo así una pequeña confusión entre sus lectores. De
esta forma, por aquellos años 20 del presente siglo cuando él escribe, lo sitúa
en los aledaños de Los Villares, mencionando un poblado rodeado de una
muralla, en el que se fabricaban objetos de alfarería y donde había un templo y
unas termas, éstas últimas en el lugar conocido como el Ojo del Moral. Dicha
población, siempre según este historiador local, fue destruida por los vándalos
hacia el año 416 d.C., cuando, huyendo de los godos, arrasaron todo lo
encontrado a su paso. No obstante, es verdad que a lo largo de los primeros
años de nuestro siglo fueron apareciendo en diferentes parajes del campo
villariego -como Las Majadillas, Las Viñuelas, etc- una serie de restos
arqueológicos pertenecientes a diferentes etapas de la prehistoria y de la
historia, como útiles de piedra, cerámica, vestidos, armas, incluso monedas de
oro y plata y restos humanos de enterramientos, que justificaban
perfectamente las teorías de Eduardo Campos sobre los primeros
asentamientos humanos en nuestro pueblo. Lamentablemente, hoy día no
queda ningún material arqueológico que pueda ser estudiado con un método
actual mucho más válido. Por esto, los escritos aparecidos en Don Lope de
Sosa, aún sin mucho fundamento científico, nos permiten conocer, aunque sea
de forma indirecta, los datos sobre la historia villariega. Así, a partir de ahí,
podremos ir recomponiendo nuestro verdadero pasado y nuestros orígenes.
Nº8
Curso 97/98
LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle La Tercia
Hoy traemos a las páginas de nuestra revista una de las calles más antiguas y
populares de nuestro pueblo: la Calle La Tercia. Con sus casi trescientos metros
de longitud, esta calle nace en La Fuente y tras unos noventa metros de
trazado llano, se va estrechando conforme desciende hasta llegar al Vadillo,
lugar donde termina. A ella confluyen las calles Jardín, Hazuelas y Hospital. Su
trazado se hizo siguiendo la Cañada Real que desde Martos se dirigía a La
Guardia y que se cruzaba en La Fuente con la que desde Jaén se dirigía a
Granada. El origen del nombre de esta calle proviene de haber estado en ella la
llamada “Casa de La Tercia” (llamábase así a la casa en que se depositaban los
tributos). Tras la Guerra Civil esta calle pasó a llamarse de Calvo Sotelo y de
nuevo en 1984 rotomó su primitivo y actual nombre. En el número 41 de esta
calle se encuentra la casa más antigua, es la casa de la que se dice era “la
casa La Tercia”; en la actualidad se encuentra muy trasformada y pertenece a
la familia de los Cobo. En esta calle existieron, muchos años atrás, algunos
establecimientos dedicados al ocio, tales como:
– El Casino “El Republicano”.
– Un primitivo cine (en lo que hoy es la casa de Mateo Herrador).
– La confitería de Pedro Díaz.
Ahora en esta calle están establecidos:
– El único estanco que hay en el pueblo.
– Los bares “Avenida” y “Farmacia de Guardia”.
– La farmacia de D. Electo Montón.
– El Casino “El Republicano”.
– Un primitivo cine (en lo que hoy es la casa de Mateo Herrador).
– La confitería de Pedro Díaz.
Ahora en esta calle están establecidos:
– El único estanco que hay en el pueblo.
– Los bares “Avenida” y “Farmacia de Guardia”.
– La farmacia de D. Electo Montón.
Nº8
Curso 97/98
NUESTRA INDUSTRIA Panadería Hermanos Parra
La “Panadería Hermanos Parra” se encuentra en el popular Callejón de los
Hornos, llamado así por la existencia en el mismo, a principios de siglo, de tres
hornos de pan. Esta empresa está dedicada a la fabricación de pan y productos
de confitería y por la variedad y exquisitez de los mismos podríamos muy bien
calificarla como una auténtica Boutique del pan. Regentada por los hermanos
Antonio y Manuel Parra Higueras, es ésta una empresa familiar que ha venido
pasando de padres a hijos a lo largo de los setenta años de vida de la misma.
Su fundador D. Manuel Higueras Gallardo, abuelo de los actuales empresarios,
adquirió el horno en 1926, si bien el mismo ya existía desde principios de siglo.
En la madrugada del domingo 14 de abril de 1942, se producía en el horno un
gran incendio que, debido a las mil cargas de leña que se guardaban en él,
amenazaba con extenderse a toda la manzana. La pronta intervención del
vecindario y fuerzas locales de seguridad así como a los bomberos de Jaén,
evitaría la catástrofe. La gran expansión de la empresa tiene lugar a partir de
1983, ya con sus actuales dueños, en la que la amplían e implanta una nueva
tecnología en la fabricación del pan, si bien mantienen de antaño las técnicas
de masa madres y el dar muchos reposos a las masas, lo que hace que a pesar
de la nueva tecnología se mantenga la calidad y sabor del pan tradicional. Los
principales productos que fabrican son:
a. de panadería: pan de masa blanda, de masa dura, de fibra, de molde y colines.
b. de confitería: dulces tradicionales de nuestro pueblo y una gran variedad de tartas y otros.
La maquinaria que utilizan siguiendo el proceso de fabricación del pan es:
– amasadora, pesadora, formadora, horno de cocción y rotativo.
Los ingredientes que utilizan son:
–harina de trigo, sal, agua, levadura madre y mejorante.
Esta empresa siempre ha puesto un especial énfasis en las medidas sanitarias y de higiene por lo que utilizan herramientas de aluminio, mesas de mármol, gorros y delantales en sus operarios, desinfecciones trimestrales así como una exhaustiva higiene diaria. De cara al futuro tiene asegurado su carácter familiar y tradicional pues ya en ella trabajan dos biznietos del fundador, hijos de los actuales empresarios. Desde aquí queremos agradecer la atención y colaboración que esta Panadería ha prestado a nuestro Centro siempre que laha necesitado para enseñar a nuestros más pequeños la elaboración y fabricación del pan.
a. de panadería: pan de masa blanda, de masa dura, de fibra, de molde y colines.
b. de confitería: dulces tradicionales de nuestro pueblo y una gran variedad de tartas y otros.
La maquinaria que utilizan siguiendo el proceso de fabricación del pan es:
– amasadora, pesadora, formadora, horno de cocción y rotativo.
Los ingredientes que utilizan son:
–harina de trigo, sal, agua, levadura madre y mejorante.
Esta empresa siempre ha puesto un especial énfasis en las medidas sanitarias y de higiene por lo que utilizan herramientas de aluminio, mesas de mármol, gorros y delantales en sus operarios, desinfecciones trimestrales así como una exhaustiva higiene diaria. De cara al futuro tiene asegurado su carácter familiar y tradicional pues ya en ella trabajan dos biznietos del fundador, hijos de los actuales empresarios. Desde aquí queremos agradecer la atención y colaboración que esta Panadería ha prestado a nuestro Centro siempre que laha necesitado para enseñar a nuestros más pequeños la elaboración y fabricación del pan.
Nº8
Curso 97/98
Esther Muñoz Martínez
Celia Luque Lomas
NUESTRO PASADO "Nacimiento del Vizcondado de Los Villares"
El Taller de Prensa del Colegio trae hoy a las páginas de Nuestro Pasado el
estudio que, sobre el Vizcondado de Los Villares, ha venido desarrollando
durante este primer trimestre.
Remontándonos a nuestros orígenes, fue a principios del siglo XVI, cuando la
reina Da Juana I, a petición de un grupo de vecinos de la ciudad de Jaén,
concede la autorización de repoblar distintos lugares de la sierra de Jaén, la
cual es dada en Burgos el 17 de marzo de 1508. Uno de estos lugares era Los
Villares de Jige, junto al Cerro del Viento, donde se proponía hacer una
población para trescientos vecinos. Debido a la complejidad y a los intereses
creados, entre ellos el de la Mesta, a la hora de hacer el repartimiento de
tierras, tuvieron que pasar treinta y un años, ya en tiempos de su hijo el
emperador Carlos I, cuando bajo la supervisión del Juez Juan de Rivadeneira, un
14 de abril de 1539, comenzaban los trabajos de fundación de la población,
según normas redactadas en 1537. En un principio la población de Los Villares
siguió bajo la dependecia de Jaén hasta que en el año 1600 se transforma en
villa real con jurisdicción propia. Pasarían todavía muchos años hasta que el
Rey Felipe V, a petición de D. Francisco Zeballos y Villegas, persona importante
de Jaén que poseía la casa solariega en Los Villares, un 14 de noviembre de
1807 concede por Real Célula el deslinde y amojonamiento definitivo el
término de nuestro pueblo, hecho éste que se hizo en diciembre del mismo
año. D. Felipe V otorgaba asímismo a D. Francisco de Zeballos y Villegas, en
mayo de 1708, el Título de Vizconde de Los Villares, naciendo así lo que
conocemos como Vizcondado de Los Villares. El Título de Vizconde no le
otorgaba ningún tipo de regalía (beneficio o privilegio), o jurisdicción sobre la
villa, y únicamente se limitaba a presentar y aprobar anualmente el oficio de la
Justicia. Los Vizcondes de Los Villares vivieron habitualmente en Jaén, si bien
poseían en Los Villares una gran casa-palacio, donde residían generalmente en
verano, así como huerta y olivares y un primitivo molino de aceite. El I
Vizconde de Los Villares, D. Francisco de Zeballos y Villegas, natural de Jaén,
era demás de “caballero venticuatro” (el equivalente a los actuales concejales),
caballero de la Orden de Santiago. Durante el siglo XVIII y primeros años del
siglo XIX, los Vizcondes de Los Villares tuvieron una constante presencia en la
vida social y política de la capital, ocupando altos cargos. Así podemos
constatar que el IV Vizconde de Los Villares D. Gabriel Zeballos Villegas y
Escobedo, figuraría en 1768, como miembro fundador de la Real Sociedad
Económica de Amigos del País de Jaén; y en mayo de 1808 aparece como Vocal
de la Junta de Seguridad Pública de Jaén. El Vizcondado de Los Villares quedaría
agregado en 1862 a los Marqueses de Torre Alta, tras el matrimonio de la V
Vizcondesa Da Ma de la Concepción de Zeballos y Villegas con D. Miguel de
Cereaga Marín, Marqués de Torre Alta (12-X-1799). En 1972 ostentaba el Título
como XI Vizcondesa de Los Villares, la Ilma. Sra. Da Josefa Fernández de
Córdoba y Fernández de Córdoba.
Relación de los Vizcondes de Los Villares:
I Vizconde:
D. Francisco de Zeballos y Villegas, por nombramiento real de 1708.
II Vizconde:
D. Gabriel Francisco de Zeballos y Villegas, casado con Da Josefa Salcedo y
Alférez.
III Vizconde:
D. Francisco Javier Zeballos y Villegas Salcedo y Alférez, casado en la
parroquia de San Ildefonso (Jaén) con Da Elvira Josefa María de Escobedo
Alvarez Osorio y Ponce de León.
IV Vizconde:
D. Gabriel de Zeballos Villegas y Escobedo, casado con Da María Vicente del
Hierro Yerro y Rojas. Este matrimonio tan sólo tuvo una hija por lo que el
título recayó en una hembra por primera vez.
V Vizcondesa:
Da María de la Concepción de Zeballos y Villegas, nacida en Madrid, se casaría
en Jaén con D. Miguel de Careaga Marín, Marqués de Torre Alta.
VI Vizconde:
D. José de Careaga Zeballos y Villegas. Casado con Da Antonia María
Heredia y Begines.
VII Vizconde:
D. Miguel Avis Venegas de Careaga. Casado con Da María de los Dolores
Moreno-Bravo Chincharreta. Tuvieron una única hija por lo que el título
pasaría de nuevo a una mujer.
VIII Vizcondesa:
Da Josefa María Avis Venegas de Careaga. Casada con D. Pedro Fernández de
Córdoba y Álvarez de las Asturias-Bohorques.
IX Vizconde:
D. Manuel Fernández de Córdoba Careaga. Casado con Da María
Encarnación Fernández de Córdoba y Owens.
X Vizconde:
D. Manuel Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba. Última
vizcondesa de quien se tiene noticias. Poseía el título en 1972. Casada
con Pedro Sánchez y Cantón.
Nº7
Curso 97/98
LOS VILLARES, NUESTRO PUEBLO Calle Jardín
En ésta ocasión, corresponde el estudio de una calle a una de las más antiguas
de nuestro pueblo y que a lo largo de la historia ha tenido diferentes nombres.
Agradecemos la colaboración de las siguientes personas: MANUEL ALCALDE G.,
MANUEL GARRIDO R., LORENZO GALLARDO S., PEDRO LIÉBANA y CARMEN
GUIJOSA.
De la Calle Jardín, podemos comenzar diciendo que es una de las primeras
calles trazadas en la fundación de nuestro pueblo. Con doscientos metros de
longitud, comienza en la confluencia con la calle Solana. El origen de su
nombre proviene del pequeño huerto-jardín que existía ocupando lo que hoy va
desde la calle Hospital a la calle Pedro del Alcalde, jardín que pertenecía a la
Casa-Palacio de los Vizcondes de Los Villares y que dividía a la calle en dos
tramos. A lo largo de la historia ha tenido diversos nombres:
Parece ser que su nombre primitivo fue el de calle del Arcediano (nombre que
tiene que ver con un cargo dentro de la jurisdicción eclesiástica).
Posteriormente llevó el nombre de calle Jardín. Terminada la Guerra Civil se le
puso el nombre de calle Comandante Rodríguez Acosta. A partir de 1984, de
nuevo tomó el nombre de Calle Jardín.
En ella se encuentra la Casa Grande, casa-palacio del siglo XVI, que perteneció
a los vizcondes de Los Villares y que es el monumento de carácter civil más
importante de nuestro pueblo. Por su situación, desde siempre ha sido una
calle con muchos comercios. De los ya desaparecidos podemos recordar entre
otros:
– la farmacia de Sebastián Bautista (el de Alcaudete).
– La carpintería de Cándido (el Zorro).
– La pescadería de Juan José Mena.
– El horno de Emilio Gutiérrez.
– La barbería de Jacinto Luque.
A principios de siglo era famoso el Casino “La Amistad”. Junto a la Casa Grande y formando parte de las propiedades del Vizconde existió siempre un molino de aceite, en principio de rulos movidos por bestias. Después de pasar por varias familias, este molino sería comprado junto con la Casa Grande y la Huerta por Antonio Guijosa, conocido popularmente como “Antoñico María” y del cual lo heredaron sus hijos. Posteriormente y con la mediación del Párroco D. Antonio sería adquirido para la creación de la actual cooperativa “Ntra. Sra. del Rosario”, cooperativa que con bastantes transformaciones lo mantiene en la actualidad. En la actualidad existe en esta calle una floristería, propiedad de la familia Callejón, la zapatería Gutiérrez y la entidad bancaria Unicaja.
– la farmacia de Sebastián Bautista (el de Alcaudete).
– La carpintería de Cándido (el Zorro).
– La pescadería de Juan José Mena.
– El horno de Emilio Gutiérrez.
– La barbería de Jacinto Luque.
A principios de siglo era famoso el Casino “La Amistad”. Junto a la Casa Grande y formando parte de las propiedades del Vizconde existió siempre un molino de aceite, en principio de rulos movidos por bestias. Después de pasar por varias familias, este molino sería comprado junto con la Casa Grande y la Huerta por Antonio Guijosa, conocido popularmente como “Antoñico María” y del cual lo heredaron sus hijos. Posteriormente y con la mediación del Párroco D. Antonio sería adquirido para la creación de la actual cooperativa “Ntra. Sra. del Rosario”, cooperativa que con bastantes transformaciones lo mantiene en la actualidad. En la actualidad existe en esta calle una floristería, propiedad de la familia Callejón, la zapatería Gutiérrez y la entidad bancaria Unicaja.
Nº7
Curso 97/98
Eva Anguita Luque
María Olalla Luque Colmenero
NUESTRA INDUSTRIA Almazara Ángeles Ramírez
La empresa “Almazara Ángeles Jiménez”, sita en la calle Zurradero y conocida
popularmente como el Molino de Jiménez, es una empresa de carácter familiar
dedicada a la producción de un excelente aceite de oliva.
La familia Jiménez es propietaria de esta empresa desde el año 1952, si bien el
molino de aceite tiene una antigüedad de unos ciento cincuenta años, siendo
sus anteriores propietarios la familia Medina, de la cual fue trabajador en el
molino D. Manuel Jiménez, creador de esta empresa. Según nos ha informado
el Gerente de la empresa D. Luis Gallardo Jiménez, nieto del fundador, la
almazara ha llevado a cabo en los últimos años bastantes transformaciones
adoptando la nueva tecnología y habiendo pasado de un sistema de obtención
de datos por presión a un sistema de obtención por centrifugación. Estos
cambios técnicos introducidos, así como el tipo de material que contacta con el
aceite, acero inoxidable, ha influido sobre todo en la mejora de la calidad del
aceite. El proceso de obtención de los aceites sigue los siguientes pasos:
a. Limpieza y lavado de la aceituna.
b. Pesado.
c. Morturación del fruto.
d. Batido de la masa.
e. Centrifugado de la masa.
f. Limpieza del aceite.
g. Almacenamiento.
a. Limpieza y lavado de la aceituna.
b. Pesado.
c. Morturación del fruto.
d. Batido de la masa.
e. Centrifugado de la masa.
f. Limpieza del aceite.
g. Almacenamiento.
La empresa cuenta durante la campaña de un total de cinco trabajadores y un
trabajador durante el resto del año. La producción media en el último
quinquenio sobrepasa el millón y medio de kilos de aceituna, con una
producción de aceite de unas 350 toneladas. D. Luis Gallardo Jiménez, Biólogo
y Presidente de la ATRIA de Los Villares, nos destaca, en cuanto a las
perspectivas del mercado, que el aumento en los últimos años en la producción
media de aceituna y por lo tanto la posibilidad de excedentes de aceite, puede
provocar una bajada en el precio y por tanto una menor rentabilidad del
cultivo. Por último queremos agradecer a D. Luis Gallardo Jiménez, el apoyo y
colaboración que viene prestando a las Jornadas dedicadas al Olivo, que el
Centro organiza cada dos años.
Nº7
Curso 97/98
Regina Aguilar Molina
Ana María Cabrera García
Ana María Cabrera García
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